San Alejandro fue un obispo y mártir cristiano que vivió en el siglo III en la ciudad de Jerusalén. Originario de Capadocia, en la actual Turquía, Alejandro se destacó desde joven por su piedad y su compromiso con la fe católica.
Después de recibir una sólida formación teológica, Alejandro fue elegido obispo de Jerusalén, convirtiéndose en un importante líder de la Iglesia en Oriente. Durante su episcopado, se enfrentó a las persecuciones ordenadas por el emperador romano Decio, quien exigía a los cristianos que renegaran de su fe y ofrecieran sacrificios a los dioses paganos.
Alejandro se negó rotundamente a traicionar su creencia en Jesucristo, por lo que fue arrestado y encarcelado. Tras ser sometido a terribles torturas, finalmente fue condenado a muerte y ejecutado. La Iglesia Católica reconoció el martirio de Alejandro y lo honra como patrón de los obispos y de quienes sufren persecución por su fe. Su fiesta se celebra el 26 de febrero, conmemorando el día de su glorioso martirio.
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