¡Busquemos y sigamos al pastor misericordioso!

Queridos hermanos:

Sabemos que la Fe cristiana no es la “creencia en una idea, o una convicción mental o un sentimiento fuerte sino una relación clara y profunda con una persona viva: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

El Señor Jesús, por quien nos llamamos “cristianos” no es alguien secundario en nuestra vida: ¡Él debe orientar todas nuestras decisiones hacia el bien y la verdad!.

Es decir Jesucristo “verdaderamente importa en nuestras vidas” e importa precisamente porque en Él reconocemos la misericordia, el amor de Dios. Este domingo la Palabra de Dios describe nuestra relación con nuestro Dios misericordioso como con el pastor que verdaderamente nos cuida. Él se indigna por aquellos “pastores malos” que no cuidan adecuadamente a sus ovejas. Pero el Señor se indigna contra dichos malos pastores porque “Él ama a su pueblo y le duele que se aprovechen de él”: tengamos cuidado con tantos “pastores que son lobos con piel de oveja” que suscitan la división de la Iglesia de Cristo para hacer de la religión un modo de vivir.

El hermoso salmo 23 por su parte no es mero poema bello, es una indicación de cómo es el buen pastor, el Señor, sino es una invitación a que en verdad confiemos en él. Pero es sobre todo el Evangelio el que nos revela al buen pastor de la ovejas:

  1. Es Cristo quien cumple todos los deseos del Antiguo Testamento, donde se hablaba de un pastor que se interesara por el bien de la ovejas dispuesto a cualquier sacrificio de sí mismo para darles vida en abundancia;
  2. Es Cristo quien a pesar del cansancio que sin duda experimentaba como “verdadero hombre” está dispuesto a seguir adelante en el cuidado de sus ovejas: es admirable cómo “retoma la predicación, la enseñanza del Reino” aún cuando la jornada de cada día pareciera terminada; ¡que hermoso ejemplo para los pastores de todos los tiempos que deben dejarse a sí mismos con verdadera entrega, sobre todo ahí donde hay pocos sacerdotes y servidores del Señor!;
  3. Es Cristo, finalmente, quien descubre el gran porqué, el motivo más profundo del verdadero pastoreo: la misericordia, el sentimiento de amor por aquellas gentes que “estaban como ovejas sin pastor”. He aquí en verdad el secreto de la vocación genuina de un sacerdote, de una religiosa pero también de un laico dedicado al servicio del Evangelio; diría que se trata también del gran secreto de la entrega de los padres a sus hijos que resulta muchas veces “incansable”.

Y es también San Pablo quien hablando de la obra pacificadora de Cristo para la Humanidad: Él ha venido para “anunciar la paz a todos” incluso a los alejados de Dios, ¡alabemos e imitemos al buen pastor, al pastor infatigable, de modo que nuestra propia misión tenga “todas las fuerzas que nacen del amor que debemos llevar a donde reinan hoy el odio, la división, la falta de respeto a la vida humana”.

Este domingo continuando con las Visitas Misioneras en las Parroquias de Escuintla, pido sus oraciones, ante todo por los miles de afectados por la erupción del volcán de Fuego, para que sus vidas en verdad resurjan, que no se pierda el futuro de tanto jóvenes y niños de modo especial.

Y no dejemos de invocar la intercesión de Nuestra Señora del Carmen, para que tiempos de violencia no nos falte su protección maternal, para que de modo especial en nuestros puertos de Iztapa y de San José la “pastoral del mar” logre hacer avanzar la paz en ambientes de violencia y vicio.

Pidamos en fin, que María “Estrella de la Evangelización”, bendiga el camino misionero “Rema Mar Adentro”. Amén.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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