Oraciones

Published on 10 noviembre 2015 | by Pepe Barrascout

El “Ave María” explicado parte por parte

1 – “Ave, María (alégrate, María).”  (Lc 1,28)

El saludo del ángel Gabriel, abre la oración del Ave María

Es el propio Dios, que por intermedio de su ángel, saluda a María.

Nuestra oración se atreve a retomar el saludo de María con el mirar que Dios puso sobre su humilde sierva, alegrandonos con la misma alegría que Dios encontró en ella.

Algunos usan Salve María en muchas oraciones, pues creer equivocado decir Ave, pues era un saludo romano, pero cuando la Biblia fue traducida al latín, San Jerónimo utilizó la forma romana.

Decir Ave o Salve, hoy para nosotros no hace mucha diferencia, ya que son saludos que cayeron en desuso, sin embargo por siglos, la oración quedó conocida como Ave María.

Dizer Ave ou Salve, hoje , para nós não há muita diferença, já que são saudações que caíram em desuso, porém por séculos a oração ficou conhecida como Ave Maria.

2 – “Llena de gracia, el Señor es contigo.” (Lc1,28)

Las dos palabras de saludo del ángel se esclarecen mutuamente.

María es llena de gracia, porque el Señor está con ella. La gracia con que ella es llenada, es la presencia de aquel que es la fuente de toda gracia.

“Alégrate, hija de Jerusalén… el Señor está en medio de ti” (Sf 3,14.17a).

Es María en quien viene a habitar el propio Seor, es en persona la hija de Sión, el Arca de la Alianza, el lugar donde reside la gloria del Señor: ella es “la morada de Dios entre los hombres” (Apoc 21,3).

“Llena de gracia”, es toda dedicada a aquel que en ella viene a habitar y que ella va a dar al mundo.

3 – “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.” (Lc 1,41)

Después del saludo del ángel, hacemos nuestras las palabras de Isabel.

“Repleta del Espíritu Santo” (Lc 1,41), Isabel es la primera en la larga serie de generaciones, que declaran a María bienaventurada: Feliz aquella que creyó…” (Lc 1,45), María es “bendita entre las mujeres” porque creyó en el cumplimiento de la palabra del Señor.

Abraham, por su fe, se convirtió en una bendición para “todas las naciones de la tierra” (Gn 12,3).

Por su fe, María se convirtió en la madre de los que creen (Apoc 12,17) (Jo 19, 26-27), porque gracias a ella, todas las naciones de la tierra recibirán a Aquel que és la propia bendición de Dios: “Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.

4 –  “Santa Maria, Madre de Dios, ruega por nosotros…”

Como Isabel, también nosotros nos admiramos: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” (Lc 1,43).

Porque nos dá a Jesús, su hijo, María es Madre de Dios y nuestra Madre; podemos confiarle todos nuestros cuidados y peticiones, ella reza por nosotros, como rezó por ella misma: “Hágase en mi, según tu palabra” (Lc 1,38).

Confiandonos a su oración, nos abandonamos en ella a la voluntad de Dios: “Hágase tu voluntad”.

María es Madre de Dios, pues fue de María que nació Jesús (Mt 1, 16) (Gal 4,4), nuestro Señor (Lc 1,43), Hijo de Dios (Lc 1,35) es Dios (Jo 1,1), (Jo 5,18) con el Padre y el Espíritu Santo (Mt 28,19). Maria es madre de Dios, pues Jesús no es mitad hombre y mitad Dios, Él es Dios y hombre al mismo tiempo.

María es Madre en el sentido de haber concebido en su vientre y en su corazón a Jesús, nuestro Señor y Dios.

5 – “Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.”

Por lo tanto, pidiendo a María que reze por nosotros, nos reconocemos como pobres pecadores y nos dirigimos a la “Madre de Misericordia”  (Jo 2,3),  a la Toda Santa (Lc 1,28).

Nos entregamos a ella “ahora”, en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza aumenta para desde ya, entregar en sus manos “la hora de nuestra muerte”, pues en esa hora compareceremos delante de Dios (Hb 9, 27) para ser juzgados.

Que ella esté presente, como en la muerte en la Cruz de su Hijo y que en la hora de nuestro paso, ella nos acoja como nuestra Madre (Jo 19,27), para conducirnos a su Hijo, Jesús, en el Paraíso, pues su pedido es poderoso (Jo 2, 3ss).

Ave María


| 10 noviembre 2015 | Oraciones



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