¡Nuestro Dios vence el dolor y la muerte!

Queridos hermanos:

Como bien lo sabemos, el día domingo es el más importante de la semana pues en él celebramos la resurrección de Cristo, el vencedor del dolor y de la muerte, ¡nunca nos privemos de encontrarnos con el Señor en su día, para recibir el don de la vida en abundancia!.

Es por ello que la Palabra de Dios nos presenta hoy ese “rostro divino favorable a la vida, creador de la vida”.

El libro de la Sabiduría dice claramente que el Señor no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción. Sabemos que la muerte, el fin de la vida biológica no es en sí mismo “el final de todo” pues como cristianos creemos en “la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro” (Credo dominical).

Sin embargo al experimentar la pérdida de la vida de un ser amado, o delante de catástrofes como la vivida en Escuintla por la erupción del volcán de Fuego, -más de 120 fallecidos, 200 desaparecidos- podemos tener la impresión de que “eso proviene de Dios”, cuando en realidad es un signo de nuestra debilidad, de nuestra fragilidad, ¡nuestra esperanza es el fundamento de la fuerza para vivir todos los días sin decaer incluso cuando la tragedia es fuerte!.

Con el salmo 29 podemos decir entonces: “Te alabaré, Señor, eternamente” pues precisamente creemos en una “eternidad” que no es simplemente un “tiempo largo que no acaba” sino una vida plena.

El orante del salmo, bien puede ser una de las dos mujeres a las que Jesús da la vida en el Evangelio según San Marcos:

  1. Jesús regresa de la expulsión del demonio de un hombre,  en Gerasa, aquel demonio terrible llamado “Legión”, ¡el Señor Jesús es el liberador del hombre incluso en situaciones donde el mal golpea masivamente!
  2. El Señor escucha la súplica de un padre de familia angustiado y aunque es el jefe de la sinagoga, quizás alguien no muy cercano a Jesús, Él se encamina a vencer la enfermedad de su hija; ¡Cristo es modelo de una Iglesia en salida de misericordia que se acerca a todos sin distinción, atenta al dolor de la persona humana en el cuerpo o en el espíritu!
  3. En el camino ocurre el primer milagro, el de la mujer enferma de hemorragias, curiosamente por doce años, que es la edad de la hija de Jairo jefe de la sinagoga, ¡ella queda curada porque tiene una fe sencilla, capaz de alcanzarle la curación “con sólo tocar el manto de Cristo!”.
  4. Finalmente, aquella joven “tomada de la mano” recibe el don de la vida, como tantos jóvenes que pueden alcanzarla si les ayudamos a acercarse al Señor.

Que nuestra escucha y meditación de la Palabra de Dios este domingo nos anime a recurrir siempre al Señor, incluso cuando vivimos en la época del desarrollo médico, etc, el Dios de la vida está siempre dispuesto a “acercarse y responder inmediatamente a nuestra fe, en ocasiones tan pequeña pero apreciada por Dios”.

Que perseverando en nuestra comunión misericordiosa para con nuestros hermanos afectados por la erupción del Volcán de Fuego, recordemos que llevarles esperanza es hacer presente la obra de Cristo Esperanza del hombre, en sus vidas.

Habiendo culminado el mes del Sagrado Corazón, pidámosle aún tener la capacidad de “sentir con el que sufre” pues  no solo podemos “acercar el manto del Señor” sino hacerle presente en la Santísima Eucaristía, en su cuerpo, alma, sangre y divinidad. Ya lo dice San Pablo: “Si comulgáramos con fe, seríamos curados de muchos males” (1Co 11, 5ss).

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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