Evangelio Dominical

Published on 24 septiembre 2017 | by Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

Seamos generosos como nuestro Dios

Queridos hermanos y hermanas:

En su enseñanza comunitaria a su Iglesia, este domingo el Señor y Maestro, nos muestra un rasgo especial de la existencia cristiana: dejar los pensamientos mundanos de egoísmo, materialismo, de explotación y aprovechamiento del otro, para asumir los “pensamientos de Dios” cuya generosidad supera los cálculos humanos y tiene al fuerza de renovar la creación entera y sobre todo las relaciones humanas.

Ya  en la primera lectura el Señor se muestra “diferente” pues no trata al malo como nosotros lo haríamos. Uno puede argumentar: Dios es Dios y yo solamente soy humano. Sin embargo, ya desde el Antiguo Testamento se invita a tener una Fe que sea “imitación del Dios en quien creemos”, con su propia ayuda, claro, para lograr cambiar nuestra lógica de “ojo por ojo y diente por diente”.

¡Cuántos falsos cristianos viven una lógica de venganza, de rencor, por lo que la construcción de la paz se vuelve siempre una tarea pendiente, muy difícil” nos ha dicho el Papa Francisco en su visita a Colombia.

Así el salmo responsorial invita a “bendecir al Señor eternamente”, a alabar a ese Dios diferente, fuente de vida y de paz.  El testimonio personal de San Pablo de haber encontrado al Señor como su valor más grande lo lleva a pronunciar la famosa frase: “Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia”: ¡sólo un corazón lleno del amor de Dios, sólo quien ha experimentado el “encuentro que transforma toda mentalidad” puede hacer suya esta nueva mentalidad!.

Pero es sobre todo el mismo Señor Jesús en el Evangelio quien, mediante una excelente parábola nos muestra:

  1. Nuestro Dios es “misericordioso” como el patrón del campo que busca a muchos para darles trabajo “gente que no era contratada” encuentra en la viña del Señor una esperanza: ¡imitemos al Señor acercándonos a tantos necesitados de trabajo digno y salario justo!;
  2. Al final, sin embargo, viene la gran sorpresa: el dueño del campo “paga a todos por igual” lo que parece injusto, pero que revela al “Dios diferente” que más que calcular sus beneficios, tiene una mirada hacia la necesidad de tantos, que “no nos trata como merecemos” sino según la abundancia de su misericordia: ¡demos siempre gracias al Señor pues nos ha llamado a todos por igual a heredar una bendición que no era nuestra”!.

En efecto, era Israel el pueblo de la Alianza, “los que llegaron antes” pero al final, la Iglesia ve en su seno a todas las culturas, a todas las naciones que “llegaron después” pero que compartimos por gracia divina el ser todos “herederos de la bondad del Señor”.

Pidamos al Señor la gracia de “transformar nuestra mentalidad”; tantas veces nos sentimos con el derecho más que los demás. Cuántas veces” exigimos una justicia que anula totalmente la posibilidad de actuar con misericordia.

Que el final de este “mes de la patria” sea ocasión para implorar la paz basada en la justicia, la convivencia libre del monstruo de la corrupción y de la impunidad que provoca tantas tensiones y males sociales.

Como nos ha recomendado el Papa Francisco: “imitemos a María, en su ejemplo de “estar cerca de quien sufre en la cruz”.

Madre Dolorosa danos un corazón compasivo e intercede por el triunfo del bien sobre el mal en nuestra tierra guatemalteca y escuintleca. Amén.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




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