Homilías

Published on 21 febrero 2016 | by Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

Cuaresma: La Misericordia del Transfigurado

Queridos Hermanos y Hermanas:

Hemos llegado a la Santa Cuaresma del 2016, Año de la Misericordia, donde la pasada visita del Santo Padre Francisco a la vecina nación de México, nos ilumina e instruye en aquel “ser Iglesia en salida” para vivir y llevar a todos la buena nueva de la Misericordia divina”.

En efecto, este camino cuaresmal tan especial del Año de la Misericordia se ve iluminado hoy por la Palabra de Dios donde la narración de la Transfiguración del Señor en el monte Tabor tiene una finalidad muy clara:

  1. Jesús camina hacia su misterio pascual: aquellos momentos terribles de su pasión y muerte que en algún momento llenarán de temor a sus discípulos y los harán “perder la Fe”;
  2. Por ello el Señor, en un verdadero acto de misericordia, de compasión por que es debilidad humana suya “les muestra su gloria” en el monte. Un monte cuyo nombre (Tabor = “buena luz” o “luminoso”) contrasta con el monte de los Olivos o con el monte Calvario, escenarios “oscuros” donde no verán su gloria sino solamente su humanidad golpeada por el mal;
  3. Por ello, en el camino “Cristo misericordioso” conforta su corazón, como hará en el camino de Emaús: le acompañan Elías y Moisés para animar más la fe de sus discípulos, e incluso la voz del Padre lo señala como “su Hijo, su escogido, a quien hay que escuchar”.

Se trata pues, al inicio todavía de la Cuaresma de “animarnos con la luz de la gloria” y perderla de vista: ¡la Cuaresma, bien vivida, es tiempo de combate, no contra los demás sino contra el pecado y el mal que anidan en nuestros corazones!.

De modo especial quisiera señalar otros tres aspectos del mensaje de la Palabra hoy:

  1. La Cuaresma, especialmente la de este Año de la Misericordia es “tiempo de vivir la esperanza y de dar esperanza”; una de las obras de misericordia que nos indica el Catecismo es precisamente “consolar al triste”. La tristeza, que no es cristiana, pues cristiana es la alegría, bien puede darse en el momento de las decisiones de conversión, “el joven rico se fue triste, no siguió a Jesús, pues tenía muchos bienes” nos dice el Evangelio (Mateo 19, 16-26). El cristiano debe pues “comprender que no es fácil vivir el combate espiritual de la conversión” y mientras se anima a seguir a Cristo que se manifiesta en su gloria, debe animar a quienes no pueden o saben sentir el valor inmenso de la vida nueva, y se apegan a las cosas, a los afectos, a sí mismos;
  2. Ya San Greorio Magno decía: “Los combates cristianos no son externos, sino internos, para seguir al Señor con firmeza”, Vivamos la misericordia como “misioneros” de la esperanza. La violencia macabra del departamento, el flagelo de la droga que el Papa ha señalado en el vecino México y cuya indicación vale para nosotros, la confusión que causa el divorcio entre Fe y Vida en la corrupción a todo nivel de nuestra sociedad, el egoísmo de algunos en el uso de los recursos naturales, el creciente número de quienes viven “como si Dios no existiera” pueden desanimar en este tiempo, ¿será posible una vida nueva en Cristo?.

Contemplemos la gloria de Dios como Abraham en la primera lectura: “Creyó y siguió caminando” a pesar se que Dios tardaba en cumplir su promesa. Recordemos que “la transfiguración” es posible para quien sigue a Cristo al llegar en la Pascual a ser “hombres nuevos” recreados en Gracia y Santidad (cfr. Ef 4, 7). Que la Madre de la Misericordia nos anime, ella también, para que ninguno desconfíe de la misericordia del Transfigurado que nos invita vivir con fe y misericordia este tiempo de conversión.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




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