Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

La Semana Mayor o Semana Santa, inicia con la celebración del Domingo de Ramos. Y aprovechamos para adentrarnos en estos días de recogimiento y también debemos reconocer el liderazgo de Cristo sobre nuestras vidas y sobre el mundo entero.

El Domingo de Ramos leímos al inicio de la celebración el pasaje del Evangelio de san Lucas que nos narra la entrada de Jesús a Jerusalén (Lc 19, 28-40). Este acontecimiento se encuentra como el inicio del ministerio del Señor en esta ciudad santa.

El relato sirve también para dar nombre a este día, pues lo llamamos el Domingo de Ramos, precisamente en referencia a los ramos de palma y olivo, que las personas portaron para vitorear a Jesús y confesar públicamente que lo reconocían como el Mesías prometido por Dios.







Dentro de este texto vamos encontrando varios elementos simbólicos que indican la realeza de Jesús: El primero de ellos es el camino que hace al frente de sus discípulos, subiendo desde la fuente Guijón hacia las puertas de la ciudad, ésta era el rito que se usaba en tiempos de Salomón y sus sucesores para iniciar el reinado (cfr. 1Re 1, 32-35).

El segundo elemento simbólico, es que Jesús montaba una cría de burro (pollino), este signo fue una profecía pronunciada por Zacarías (Zac 9,9), que nos dice que el Mesías montaría una cría y no una mula de guerra, lo que significa que se trata de un rey pacífico y universal. El tercer signo son los vítores con que la gente recibe a Jesús, prácticamente lo estaban proclamando rey del pueblo de Israel, así como lo fue David.

Nuestra adhesión a esta verdad puede ser tan imperfecta como la de aquellos que lo vitorearon aquel día, incluyendo a los apóstoles. Sin embargo, Dios sabe la medida de nuestra inconsistencia y dentro de su plan, nos llevará a la madurez plena del testimonio fiel.








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