Monseñor Víctor Hugo Palma - Cuaresma - Semana Santa

Mensaje pastoral para la Cuaresma 2023

Mensaje Pastoral Diocesano
con motivo del Camino Cuaresmal 2023

Vuelve al Señor, que es generoso para perdonar
(cf. Joel 2, 13)

Al Presbiterio Diocesano
A los Seminaristas Mayores y Menores
A los(as) Religiosos(as)
A los Agentes de Pastoral
A los Movimientos Laicales Eclesiales
Al Pueblo de Dios
A los amados por Dios en Escuintla

Monseñor Víctor Hugo PalmaQueridos hermanos:

La Cuaresma constituye una oportunidad de encuentro, de vuelta al Señor, de cuyos caminos nos hemos apartado, teniendo en nosotros mismos las consecuencias de esos desvíos (cf. Rm 1, 3 ss). En efecto, es un caminar en sentido contrario del pecado es un alejamiento sin sentido del Padre amoroso de todos y un atentado mortal a nuestra identidad como hijos de Dios: no solamente en mal que hacemos, pensamos y decimos, sino en el bien que omitimos hacer a los demás. Un camino que se hace juntos, y por ello constituye una oportunidad para reconstruir la comunión, la unidad familiar, comunitaria, social (Papa Francisco, Catequesis 3 de Enero del 2018).

En especial, el caminar penitencial y al mismo tiempo esperanzador de la Cuaresma 2023 nos propone un regreso a Dios y a los hermanos, que les propongo reflexionar en algunos puntos:

1) Despójense de toda inmundicia, para que puedan recibir la Palabra sembrada en ustedes (Stg 1, 21): Se trata de implorar de Dios la capacidad de renovación de la vida, que comienza dejando que la Palabra dé fruto en nosotros: a nivel familiar, donde somos muchas veces causa de división y violencia, de mentira y venganza. Los padres no pueden dar a sus hijos el mal ejemplo en la frecuencia del vicio, de la violencia contra la mujer. Los hijos no pueden despreciar a sus padres como si no tuvieran que aprender de ellos. La sociedad escuintleca, tan tristemente famosa por su violencia, por ser un campo de trasiego de droga, de impunidad legal, no puede sino cuestionarse siempre, con sinceridad por qué suceden las cosas que todos lamentan. Se trata de “despojarse de la inmundicia” a la que estamos acostumbrándonos dentro y fuera de casa y de retomar la “vestidura del Hombre Nuevo” que tenemos desde el Bautismo y que no es otra que Jesucristo el Señor (cf. Efesios 4, 1 ss), con los sentimientos de compasión, bondad, humildad, paciencia, respeto a la vida (cf. Colosenses 3, 12-17). El medio para ello lo ofrece la Fe y el servicio de la Iglesia Católica: la oración, la limosna y el ayuno y sobre todo el Sacramento de la Reconciliación el cual, podremos tener acceso más plenamente por el servicio de nuestros sacerdotes.

2) Produzcan frutos que muestren su arrepentimiento (cf. Mateo 3, 8): En el campo social, en el ambiente de la propaganda política que no dejará de ser como siempre un escenario de ofertas tan incumplidas y capaces de causar desilusión, la invitación de la Iglesia a que todos busquen el Bien Común. Por bien común, es preciso entender “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección». El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Un bien común que apunta a:

a) El respeto de la dignidad de la persona humana, incluso del no nacido;
b) Bienestar social y desarrollo y no “negocio personal” con los bienes públicos;
c) La paz, mediante la verdadera seguridad social tan ausente en Escuintla no solo por las autoridades, sino por la falta de paz en los corazones.

El medio, en medio del ambiente eleccionario, será siempre el discernimiento, la honestidad, la capacidad buscada no solo en los candidatos, sino en los electores, ojalá que libres de intereses familiares y económicos en la elección de las autoridades.

3) Vuelvan a mí y me volveré a ustedes, dice el Señor (cf. Zacarías 1, 3b): En la vida de la Iglesia, santa por vocación, pero marcada por el pecado que ella, cuando se trata de la Iglesia de verdad, siempre reconoce, hace falta la conversión al Señor por medio de los otros. El inicio del año 2023 como 1er. Año de la Repesca Misionera es una ocasión para volver al encuentro con la Palabra, con los hermanos, en la convivencia, en la oración, en la misión (cf. Hechos 2, 42-44). No es fácil salir de sí mismo y del deseo de una salvación personal que descuida los temas de la justicia, de la convivencia solidaria, de la construcción de la paz y quedarse en “saber más o hacer menos por el Reino de Dios” (cf. Documento «Quiso Dios» del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 1 Marzo, 2018). El esfuerzo de los agentes de pastoral y de los párrocos y de toda la familia diocesana no puede cesar, no puede “cansarse de hacer el bien” (cf. Gálatas 6, 9). La reconstrucción y lanzamiento del encuentro con Dios y los hermanos ya es un camino sinodal, rostro de una Iglesia en salida, viviendo la comunión con todos, la participación en la vida eclesial, la misión hasta “la otra orilla” (cf. Marcos 1, 1ss) donde muchos esperan el testimonio de una vida renovada en Cristo.

Que durante esta Cuaresma, las tantas y tan hermosas celebraciones tanto de la Liturgia Católica en sí misma, como en la piedad popular, el caminar juntos sinodalmente como nos pide Papa Francisco, haga de nuestras comunidades parroquiales “centros vivos de los Cenáculos Misioneros Parroquiales”, así a través de ellos, se obrará la acción del Espíritu Santo pues “la primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión», que obra la justificación según el anuncio de Jesús al comienzo del Evangelio: “Convertíos porque el Reino de los cielos está cerca” (Mateo 4, 17). Movido por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto. “La justificación no es sólo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del interior del hombre” (Catecismo de la Iglesia Católica, No.1989).

Con nosotros, en este itinerario sinodal de Cuaresma 2023, caminan el Hombre Nuevo, vencedor del pecado, Cristo el Señor y María, Madre de los pecadores. A ella suplicamos ese don del Espíritu que nos convence del pecado que no queremos reconocer y nos llena de la esperanza de llegar a la Pascua de Vida Nueva, renovados nuestros sentimientos y acciones según la voluntad de Dios.

Hermanos, orando por todos Ustedes y pidiendo sus oraciones por mi, porque más grande es mi necesidad, a quienes lean y divulguen este Mensaje, les imparto la bendición episcopal, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


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