Homilías

Published on 18 abril 2015 | by Padre Víctor Hugo Villatoro Montenegro

Reflexión III Domingo de Pascua

Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. Como lo anunciaron las escrituras, aleluya.

La alegre noticia de la resurrección y del perdón de los pecados (primera lectura)

El tiempo de la Pascua, es el tiempo de la vida, de la alegría y de la transformación, de la nueva creación. Pascua precisamente significa el paso de la muerte a la vida. Eso es lo que afirma Pedro en la predicación que escuchamos hoy en la primera lectura: “Dios lo resucitó de entre los muertos y de ello nosotros somos testigos”. Pero recordemos que Cristo resucitó para “salvarnos” porque Jesús murió y resucitó para nuestra salvación. Pero recordemos lo que decía San Agustín: “Aquel que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Es decir, Dios no puede salvarnos si nosotros no queremos. Por ejemplo: cuando estamos enfermos y nuestro padre nos lleva al doctor, nos recetan la medicina, nos compran la medicina y al final se nos olvida lo más importante que es tomarse la medicina, no nos curamos si no ponemos de nuestra parte. Es lo que hoy San Pedro predica en Jerusalén: la medicina para salvarnos es: “arrepiéntanse y conviértanse para que se les perdonen sus pecados”.

Y Citando el mensaje de nuestro Obispo: “Esto es muy diferente a  la propuesta de “bendición y prosperidad” que se predica en las sectas, donde lo necesario para salvarse parece ser la ofrenda material y la emoción de “aceptar” a Cristo!” Ciertamente todos buscamos la salvación, pero su camino seguro y directo será siempre el de la humildad de reconocernos pecadores y empezar una vida nueva, una vida pascual, resucitada con Cristo.

Cristo alienta nuestra fe, nuestra conversión (Evangelio)

El evangelio que escuchamos hoy, narra cómo los discípulos de Emaús corren la misma noche de la resurrección a contar a los apóstoles que reconocieron a Jesús al partir el pan. Y esa misma noche, estando hablando de esto cuando Jesús resucitado aparece de nuevo, para alentar su fe, su conversión. Veamos las reacciones del relato:

  • El saludo del Señor: la paz esté con ustedes.
  • El temor de los discípulos ante Jesús resucitado.
  • La prueba de la continuidad entre el crucificado y el resucitado: las llagas y la comida, porque pensaban que Jesús glorioso era otro, pero el resucitado es el mismo Jesús. Porque Jesús resucitado no es una idea, sino una persona, de carne y hueso. (claro que con su cuerpo glorioso).

En esta aparición del resucitado descubrimos tres regalos de Jesús hacia nosotros:

1. Jesús resucitado vive entre nosotros

De este modo descubrimos que hay una nueva presencia de Jesús resucitado: Jesús Vive entre nosotros. Hoy tenemos la tentación de pensar que Dios está lejos, está allá, vive en el cielo, y sin pensar, ponemos distancia entre él y nosotros. Por eso hay cristianos que como dice el Papa Francisco: “son como murciélagos, que viven a oscuras, con cara de vinagre porque han puesto una distancia entre Jesús (luz del mundo) y ellos. Porque quien vive en ausencia de luz, vive en tinieblas. ¿Cómo vivo yo? ¿Vivo cerca de Jesús, luz del mundo? ¿Vivo en tinieblas? “Por eso preguntémonos, ¿yo hablo con Jesús? ¿Le digo: Jesús, creo que estás vivo, que has resucitado, que estás cerca de mí, que no me abandonas?”. Este es el “diálogo con Jesús”, propio de la vida cristiana, animado por la certeza de que “Jesús está siempre con nosotros, está siempre con nuestros problemas, con nuestras dificultades y con nuestras obras buenas”.

Jesús vive entre nosotros sobre todo en la Eucaristía, pero no olvidemos que también se identifica con los hermanos sobre todo los más necesitados.

2. Jesús resucitado nos habla en las Sagradas Escrituras (Ignorar las escrituras es ignorar a Cristo, San Jerónimo)

Todos sabemos que la Palabra de Dios tiene una fuerza viva e interior, “es martillo y fuego que rompe la piedra” (Jr 23,29).  De modo que debemos ser hombres de la Palabra de Dios, que leen, que creen, que oren con la palabra, que amen la Biblia, leída a la luz de Jesucristo. Por eso la Misa tiene dos alimentos: La Palabra de Dios y la Eucaristía.

Hoy Jesús abrió la mente de los apóstoles para entender las Escrituras. Hoy habrá que tener cuidado, porque algunos dicen que basta interpretar libremente la Escritura. No basta tener la Biblia, hay que tener la Tradición y Magisterio de la Iglesia para poder interpretarla mejor. Lo contrario, es la causa de la aparición de nuevas sectas cada día, cada una más apartada de la verdad. Por ejemplo: en Hch 8.31 El etíope que leía las Escrituras preguntó a Felipe: ‘¿Cómo lo voy a entender si no tengo quien me explique?’. Por eso hay biblias con el visto bueno de la Iglesia Católica. Porque primero fue la Iglesia, la Tradición y luego fue la Biblia, por eso la Iglesia es Madre y Maestra.

SEÑOR, ÁBRENOS EL ENTENDIMIENTO ANTE LAS DIFICULTADES DE MI VIDA, ANTE MIS ENFERMEDADES, ANTE LA DESILUSIÓN, ANTE LA SOLEDAD, PARA ENCONTRARTE VIVO EN TU PALABRA. AMÉN.

3. Jesús resucitado nos invita a ser testigos de su muerte y resurrección

Hoy hay tanta necesidad de testigos, de misioneros, de predicar  a todas las naciones pero recordemos lo que decía San Francisco: “Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras. Porque tus actos pueden ser el único sermón que algunas personas escuchen hoy en día”.  O como decimos comúnmente: “las palabras se las lleva el viento pero el testimonio arrastra”.

Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. Como lo anunciaron las escrituras, aleluya.




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