Reflexión para el VI Domingo de Pascua

Estamos en el tiempo de Pascua, que constituye 7 semanas. San Agustín comentaba que este tiempo «es un anticipo de lo que será la eternidad»  pues ya no ayunamos, sino alabamos al Señor cantando el Aleluya pascual, que significa «alabad al Señor», y celebramos la fiesta más importante de nuestra fe: La Resurrección de Jesús.

Hoy escuchamos  en la Primera Lectura: Hch 8,  que nos invita a:

Testimoniar sin fronteras a Cristo. Como hizo Felipe, hasta en Samaría, una tierra de herejes… nacida de una mezcla después de la caída del poder Asirio: el Sirácida por eso decía: “estoy irritado contra un pueblo que ni si quiera es pueblo, el necio pueblo que habita en Samaria” (50,25,26) ¿podrá decir alguien esto de  nuestra tierra Escuintla?

Anunciar como el Diácono Felipe el Evanelio a todos los pueblos:  En efecto el primer pueblo convertido al cristianismo fue Samaria. La lectura nos dice que fueron bautizados. Y luego Pedro y Juan bajaron  a Samaria a imponerles las manos porque no habían recibido el Espíritu Santo.

“El bautismo nos hace hijos de Dios, nos da el germen del Espíritu Santo pero nos falta la plenitud del  Espíritu. De ahí que recibamos el Espíritu Santo mediante la imposición de las manos de los sucesores de los apóstoles: los obispos, por el sacramento de la confirmación”.

Valorar nuestros sacramentos: bautismo y confirmación. La presencia del Espíritu Santo es importante gracias a la presencia de los apóstoles Pedro y Juan. De modo que no cualquiera puede imponer las manos, sino solo aquellos que son consagrados al servicio del Señor: Obispos, sacerdotes y diáconos.

En el Evangelio de este día (Jn 14,15-21) Cristo nos dice:

Si me aman cumplirán mis mandamientos. ¿Cómo sé yo si amo verdaderamente a Cristo? Sencillo: si cumplo lo que Él me pide. Por ejemplo: El hijo bueno ama a sus padres, cuando cumple lo que ellos le piden.  Porque el amor no es solo un sentimiento, sino un cumplimiento, una actitud de toda la vida, que se hace día a día.

El Padre nos enviará otro Consolador: en griego se dice parakletos: que significa el que está al lado, el abogado, el defensor. En los primeros siglos de la Iglesia, hubo muchos mártires por causa de la fe. ¿Por qué no temían ante las torturas y amenazas?, ¿quién los consolaba, les animaba, les fortalecía? El Espíritu Santo….  ellos se sintieron siempre acompañados por el Espíritu Santo, y nosotros ¿nos sentimos animados, acompañados, fortalecidos por Él?

El Espíritu Santo es nuestro amigo… nunca nos abandona, es nuestro defensor… Cristo nos dice que habita en nosotros. Cada día al finalizar, preguntémonos, si hemos dejado que el Espíritu Santo obre en nosotros. ¿Qué cosa ha obrado el Espíritu Santo en mí, hoy? ¿Qué testimonio me ha dado? ¿Cómo me ha hablado? ¿Qué cosa me ha sugerido? ¿He realizado lo que me pide?

La Iglesia  a lo largo de los siglos es conducida por el Espíritu Santo. Veintiún siglos ¡¡¡ ni siquiera los grandes imperios, las grandes naciones han permaneció veintiún siglos en este mundo, como la Iglesia, porque aunque está formada por hombres pecadores, tiene la asistencia del mejor amigo, el que la conduce y defiende: El Espíritu Santo.

El Espíritu Santo está en los principios de la Iglesia, regenerándola, animándola y sosteniéndola. Y entonces como decía Orígenes ¡Tú que sigues a Cristo y lo imitas, tu que vives en la Palabra, tú que meditas su ley día y noche vive siempre envuelto por su Santo Espíritu y nunca te alejes de Él!.

Una enseñanza para hoy:

Activemos el Espíritu Santo: Hermanos no ahoguemos al Espíritu pues ya lo tenemos, activémoslo, pues lo tenemos desde nuestro bautismo y confirmación¡¡¡ Como cuando se termina el saldo del iphone o del frijolito, qué hacemos… corremos a activar más saldo…. Corramos para hacer más oración y activemos el Espíritu Santo y que se nos note que somos cristianos… y así no nos pase lo siguiente:

Una vez una señora hablando con un frailecillo le dijo que por qué el no toma un retiro de avivamiento en el Espíritu Santo: y le dice ese cura: mire señora lo que le voy a decir: yo tengo el Espíritu Santo más que Ud. Yo lo tengo en el Bautismo, Confirmación, Orden Sagrado, Diaconado, Presbiterado…  y la señora lo miro humildemente y le dijo: padrecito entonces que se le note, que se le note ¡¡¡¡.

Hermanos tenemos el Espíritu Santo… entonces: que se nos note ¡¡¡


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