Homilías

Published on 30 abril 2016 | by Padre Víctor Hugo Villatoro Montenegro

Reflexión VI Domingo de Pascua

La primera lectura de este sexto domingo de Pascua, nos habla de la Iglesia que se reúne en el primer concilio de la historia: el concilio de Jerusalén, para tratar el tema de la universalidad de la salvación, la circuncisión según la ley de Moisés, de los paganos incorporados al cristianismo.

Descubrimos de esta manera algunos mensajes importantes para nuestra vida en comunidad:

  • La Iglesia (que somos todos) debe ser una Iglesia que busca soluciones, a través del diálogo, de la conciliación, que sabe escuchar al Espíritu Santo, reunirse, discutir,  rezar, tomar decisiones, etc.
  • La Iglesia no tiene fronteras, es universal (católica): no es cuestión de pertenecer a un grupo, a una secta, sino estamos invitados a pertenecer a la iglesia universal, con las puertas abiertas a todos, sin distinción de ninguna clase.
  • En la Iglesia doméstica, que es la familia, también se tendrán que tener estas actitudes de cara a los problemas actuales (medios de comunicación, un hijo rebelde, ausencia de un miembro de la familia, pobreza, inseguridad, violencia… etc). podríamos preguntarnos ¿se dialoga en familia, se reza, se invoca al Espíritu Santo, se llega a la armonía y paz familiar?
  • El Espíritu Santo debe ser siempre el protagonista, el maestro de la Verdad: ante la falsificación de la presencia del Espíritu en los tiempos actuales, se debe estar atento, en actitud de escucha para apreciar las inspiraciones del Espíritu Santo.

Según el Evangelio de San Juan 14, hoy Jesús nos da varios consejos para el camino cristiano:

  1. Nos pide amarle, demostrado en el cumplimiento de su palabra: “el que me ama, cumplirá mis palabras”.
  2. Nos promete antes de su partida al Espíritu Santo: “el Consolador, que les enviará mi Padre en mi nombre, les enseñará todo cuanto les he dicho”. La promesa del Espíritu Santo se nos da previo al domingo de la Ascensión de Jesús a los cielos, para que desde ya, invoquemos su presencia entre nosotros.
  3. Nos da el don de su paz, una paz que no es como la que da el mundo, porque su paz viene como fruto de vivir en la verdad.
  4. También nos pide no perder la paz y no tener miedo “no se acobarden” nos dice Jesús. Porque aunque no lo tenemos físicamente entre nosotros, su Espíritu nos conduce y nos sostiene.




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