Evangelio Dominical

Publicado el 14 agosto 2016 | por Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

Misericordia y vocación cristiana

Queridos hermanos y hermanas:

En medio del maravilloso camino de las enseñanzas del Señor sobre la Misericordia del Padre, hoy como el domingo pasado, la Palabra de Dios propone un tema irrenunciable, realista: no es posible servir al Señor, escuchar y responder a su llamada sin vivir como el mismo Señor Jesús, el rechazo incluso por parte de aquellos a los que salvaba dando su vida.

En la primera lectura el profeta Jeremías es ciertamente una “imagen anticipada de la Pasión de Cristo” y de todos aquellos que le siguen. Inocente de toda culpa, el profeta es rechazado por su pueblo, abandonado por el rey y lanzado a un pozo.

Esa “pasión o sufrimiento de Jeremías” anticipa el de Cristo, lanzado también a la muerte por las tinieblas que quisieron vencer a la Luz como dice San Juan (Jn 1, 4).  Sin embargo un personaje extranjero, Ebed-Mélek que quiere decir “servidor del rey” siente “misericordia” por el profeta y logra su liberación: ¡cuantas personas buenas en el mundo trabajan en verdad por la justicia, la vida y la verdad!.

En el Evangelio, Jesús también es rechazado por aquellos a los que vino a salvar: sus palabras sorprenden, pues habla de “venir a encender un fuego” y no la paz, a traer contradicción y división en las familias. Aquel al que la misma Palabra de Dios llama “Príncipe de Paz” (cfr. Is 40ss) y al que san Pablo llama “nuestra paz” pareciera provocar división y violencia incluso en la familia.

Nada más equivocado: en realidad el Señor quiere fortalecer a sus discípulos frente a la “contradicción y rechazo” que encontrarán en su camino.

De modo realista, aún en medio de este Jubileo de la Misericordia se nos invita al realismo: incluso para vivir esa misericordia hay que invocar la fortaleza del Señor y tener la disposición a ser en el mundo, como decía San Juan Pablo II, “signos de contradicción”.

Pidamos al Señor que la Familia viva la unidad fundada en la verdad: que unos y otros ayudemos a la Fe, la esperanza y sobre todo la caridad entre sus miembros, sin perder de vista que lamentablemente podemos bloquear unos a otros cuando alguien quiere vivir a fondo la vocación cristiana.

Sigamos el llamado de la Lectura de la Carta a los Hebreos para que logremos liberarnos del pecado que nos ata, y sobre todo cumplir con la “obra de misericordia”; vivir y ayudar a la fortaleza en el bien, la verdad y la justicia.

Que María en su Asunción, Madre de Misericordia, interceda por nosotros y vivamos esa fortaleza con la alegría del Evangelio.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Subir ↑