Evangelio Dominical

Publicado el 30 diciembre 2018 | por Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

¡Amemos y protejamos a la familia, don de Dios!

Queridos hermanos:

En medio del esplendor de la Luz que ha venido al mundo, rodeados de la alegría de la Navidad, hoy celebramos a la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

Contemplando el Nacimiento en casa o en la parroquia, pidamos al Señor que aumente realmente por ese regalo hermoso, fundamental para la Humanidad: la familia humana, la “pequeña Iglesia” donde todos nacimos y que hoy como nunca sufre innegables ataques, las condiciones de pobreza que obligan a la migración y separación de esposos y padres e hijos, la violencia que enluta y empobrece familias enteras, pero también el egoísmo creciente, la debilidad ante las dificultades, e incluso la llamada “ideología de género” que propone “nuevas formas de familia” en matrimonios de personas del mismo sexo, con adopciones de niños por uniones homosexuales, los atentados por favorecer el crimen del aborto, etc.

¡En nuestros tiempos, hace falta defender a fondo la familia de ambientes adversos e ideas contrarias a la vida y la persona humanas!.

Esa defensa de la familia, el aprecio por ella comienzan desde el “cultivo de las mejores relaciones familiares posibles” como las que sugiere el Libro del Eclesiástico a los jóvenes, el respeto, el amor y la escucha de los “padres” o generaciones mayores; ¡evitemos la cultura del descarte, del desprecio funcionalista que desecha a los no producen, a los que no saben de las “cosas modernas”! Así lo pide el Papa Francisco, pero así lo pide tambièn la sabiduría de la Palabra y hasta de las culturas de todos los tiempos.

El hermoso Salmo 127 llama “dichoso” a un “hombre de familia”: quien “teme a Dios” –es decir lo respeta y ama en verdad- y tiene la mejor de las bendiciones: una familia regalo de Dios.

Es por ello que la familia tiene una misión: “ser escuela del bien”. Como lo dice San Pablo en la Carta a los Colosenses: “Sean comprensivos, magnánimos (bondadosos), humildes, afables (amables) y pacientes; ¡toda una escuela de humanidad que se une a los valores de la Fe cristiana y nace y se proyecta en la Familia!.

Allí mismo se recomienda el respeto, el aprecio y la ayuda mutua entre esposos, entre padres e hijos. En el Evangelio se revela sin embargo que toda Familia, hasta la “sagrada familia” tiene momentos fuertes: el niño Jesús se pierde y sus padres se angustian, pero le buscan y encuentran. ¡Ojalá que la familia no se resigne jamás a dar por perdidos a los niños y jóvenes que caen la confusión moral, en la droga, en la soledad de las comunicaciones informáticas tan poco personales!.

Dediquemos estos días en todo lo posible a la convivencia pacífica, amorosa y generosa en Familia, para fortalecerla en su misión de ser “escuela de Fe, de Humanidad enviada hacia la gran familia de la Humanidad” tan necesitada de una sociedad mejor que “comienza en cada hogar”.

¡Jesús. María y José, fortalezcan a nuestras familias!




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