Homilías

Published on 26 julio 2015 | by Padre Víctor Hugo Villatoro Montenegro

Reflexión Domingo XVII Tiempo Ordinario, ciclo B

Hoy la primera lectura de 2Re 4, nos presenta una escena breve, Eliseo manda a su criado, que le traía veinte panes, a dárselos a la gente para que comieran pues estaban en tiempos de hambre y carestía. Es entonces cuando el criado le pregunta a Eliseo ¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres? Lo cual nos hace descubrir algunos elementos:

  • El criado manifestando lógicamente la desproporción entre los veinte panes y la necesidad de los cien hombres.
  • Pero también le falta fe en Dios que mantiene la vida del
  • Y cuando todo medio humano parece haber llegado a su límite. Y finalmente Dios se manifiesta sobre la naturaleza y más allá de nuestra lógica matemática, dando de comer a cien hombres con veinte panes.

De modo paralelo con la primera lectura, el evangelio en Jn 6, nos presenta esta misma situación, el drama de la abundante necesidad frente al drama de la escasez.  Y a partir de hoy, empezamos a leer el capítulo sexto del Evangelio de san Juan, que escucharemos por algunos domingos más, ya que el Evangelio de San Marcos es más corto y la liturgia ha optado por leer la profunda reflexión de San Juan respecto a la multiplicación de los panes y el discurso del Pan de Vida.

Pero antes que todo hay que recordar, que el domingo pasado escuchamos cómo Jesús lleva al otro lado del lago a sus discípulos a un lugar apartado para descansar un poco y de repente se aparece la gente necesitada y Jesús suspende el descanso y se pone a enseñarles porque estaban como ovejas sin pastor. Jesús les dio el pan de la Palabra. Y hoy se completa el banquete de Jesús porque no sólo les dio la Palabra, sino multiplicó el pan para ellos, un pan especial. Porque no basta la Palabra de Dios, ya que la palabra puede ser escuchada pero mal interpretada, por eso la Palabra se hizo carne. Porque no bastaba la Ley, los Profetas y los Salmos, sino tuvo que hacerse carne la Palabra para darse como nuestro alimento.

Por qué seguía la gente a Jesús? El evangelio nos cuenta que lo seguían porque habían visto las señales milagrosas que hacía curando a los enfermos. No lo seguían por sus enseñanzas, sino por sus milagros¡ tremenda tentación. Sin embargo el Señor los continúa alimentado de su palabra y ahora de un pan especial, que ya simboliza el don de la Eucaristía.

El relato cuenta diversos elementos que son importantes para nuestra reflexión:

  1. El relato mencionó algo que parece estar aislado: “estaba cerca la Pascua” y luego continúa con la narración. Esto sucede porque san Juan quiere dejarnos clara la relación que hay entre la Pascua y el pan multiplicado, que es prefiguración de la Eucaristía. El pan de vida es la Pascua. La Eucaristía es la Pascua de Cristo.
  2. Hay una gran necesidad humana, hay hambre, y poca comida, tan solo cinco panes y dos peces para cinco mil hombres. Una desproporción abismal entre la necesidad y la realidad. Siguiendo la lógica humana sería imposible dar de comer a toda la gente sin los medios necesarios. Es ahí donde Jesús toca esta lógica preguntando a Felipe ¿Cómo compraremos pan para que coman estos?
  3. La respuesta humana tiene dos voces acá:
  • Felipe: como un buen matemático, dice ni doscientos denarios serían suficientes.
  • Andrés: quizás un poco más optimista que Felipe señala una pequeña posibilidad aunque al final le resta eficacia “Uno tiene cinco panes y dos peces pero ¿qué es esto para tantos?” porque pensaba que con pocos panes haría un milagro para pocos, continuaba la lógica de la desproporción.
  1. La respuesta divina, es totalmente distinta, porque pasa de lo imposible a lo posible, de la impotencia a la potencia. Porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. y el milagro inicia cuando manda a sentar a la gente, como si ya estuviera servida la mesa, para que comprendamos que tanto lo que existe como lo que no existe todo le está sujeto, y luego tomando lo panes da gracias a Dios por el alimento (para que nosotros aprendamos a dar gracias por nuestros alimentos. (San Juan Crisóstomo) y enseguida los reparte entre los hombres. Finalmente sobran doce canastos, uno por cada discípulo, porque el pan de Jesús debe permanecer para siempre y es abundante.
  2. Luego ocurre un malentendido en la gente que sació su hambre. Querían hacer a Jesús Rey y así Él se retiró a la montaña. Enseñándonos que quien todo lo escogió humilde: madre, casa, ciudad, educación, vestido,… no iba brillar mediante cosas humanas. (San Juan Crisóstomo). Porque su reino, no es de este mundo. Y además a que amemos las cosas futuras, pues quien admira las cosas terrenas, poco admirará las del cielo. ¡Señor, enséñanos a amar los bienes del cielo, y ser más libres de las cosas terrenas, para admirar cada día los bienes de tu reino. Amén.




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