Evangelio Dominical

Publicado el 21 julio 2019 | por Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

¡El Señor nos visita para darnos vida!

Queridos hermanos:

A través de su Palabra, el Señor nos invita hoy a “abrir el corazón a su visita, fuente de vida en abundancia”.

En efecto, como lo narran las Escrituras, nuestro Dios “es siempre un visitante” cercano, capaz de hacerse “prójimo” de cada uno de nosotros, ¡no desaprovechemos el paso de Dios, no sea que tarde en pasar de nuevo” (San Agustín de Hipona).

La mejor manera de aprovechar esa visita es “mantenernos atentos a su paso, mediante la oración” y vivir la apertura de corazón a las formas en que el Señor se presente.

Hoy, tienen lugar “dos visitas” de vida abundante:

  1. Abraham, según el libro del Génesis,  es visitado en lugar llamado Mambré o Mamré que significa “fuerza”, un lugar cálido, donde Abraham vive sin ver cumplida la promesa divina de tierra y descendencia. Cuando el Señor pasa “como tres personajes misteriosos” Abraham ejerce la “hospitalidad” de Oriente, le recibe, le ofrece alimento, conversa con él; ¡dichoso nuestro “padre en la Fe” (San Juan Pablo II), abriendo su humilde casa a Dios encontró la realización de su deseo de descendencia!. En efecto, como dice un principio de la vida espiritual, “Dios comienza pidiendo, pero terminan dando” (O. Clément).
  2. Marta y María -cuyos nombres comienzan con “mar” y ambas significan “señora” también reciben a Jesús de un viaje sin duda fatigoso. Pero he aquí que María, colocada a sus pies, en realidad cumple con atender a Cristo en lo primero que Él desea, ser escuchado, ser acogido mediante su Palabra. Pareciera, como sabemos, que Cristo reprende a Marta, la activa, pero en el fondo Jesús quiere indicarnos que “ante todo hay que escuchar, poner la atención abriendo las puertas de corazón” a su mensaje que es la misma Palabra hecha carne. Con tanta razón decía Santa Teresa en defensa de Marta, “Bien hizo María, pero sin Marta el Señor no hubiera almorzado ese día”.

En nuestra vida como discípulos de Cristo, demos el primer lugar y suficiente lugar a la “escucha de la Palabra, a la conversación en oración con Dios”, ¡evitemos dejar de lado lo que Él nos dice, pues si lo amamos, le dedicaremos el tiempo necesario a escucharlo y comprender su Santa Voluntad!.

En la segunda lectura de la Carta a los Colosenses, Pablo se auto comprende y da gracias por ser precisamente “un mensajero de Dios” que lleva su presencia; ¡la verdadera misión es una visita de Dios, no un proselitismo como el de mormones, testigos de Jehová, etc… es hacer presente no un mensaje sino la persona de Cristo, como María cuando visitó a Isabel!.

Pidamos al Señor la “apertura a su visita” pues tantas excusas y distracciones nos hacer perder el momento en que “Cristo pasa” (San Josemaría Escrivá).

Y seamos también, aún imperfectamente, una “visita misionera de Dios” a tantos que como Abraham o como las multitudes de migrantes centroamericanos, piensan que Dios tarda o los ha olvidado.

Que Nuestra Señora del Carmen nos obtenga del Señor el don del Espíritu para que tengamos vida abundante aprovechando cada visita del Señor y seamos portadores de su visita de esperanza para muchos.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




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