Humildad y Misericordia

Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo la Palabra de Dios nos propone dos características importantes e inseparables de la vida cristiana:

  • Ante todo la humildad, es decir, la conciencia de nuestra situación como criaturas e incluso como pecadores “perdonados por la Misericordia del Señor”. Conciencia que suele perderse en ocasiones, por lo que el Papa Francisco nos recuerda que en la asamblea cristiana, dominical por ejemplo, no nos reunimos los perfectos, sino quienes han sido “misericordiados” por el Padre; ¡que importante es cultivar la humildad como relación entre los miembros de la familia, la comunidad parroquial, en todo trato humano.

Lamentablemente hay ciertas “confesiones cristianas” donde se enseña a los miembros a “sentirse mejores que los demás”; por ejemplo, en las sectas fundamentalistas, donde aquellos que dicen haber “aceptado a Cristo” se entienden como mejores que los católicos, ¡la verdadera humildad no tiene “super cristianos” sino  bautizados que siguen a Aquel que “siendo Dios” se humilló a sí mismo y tomó la condición de siervo, como dice el Apóstol Pablo (Fil 2, 4ss).

Ya la primera lectura, donde el autor del Eclesiastés aconseja a su hijo, trata la humildad como una verdadera virtud que logra la aceptación de los demás. Para los discípulos del Señor, lo decimos de nuevo, el modelo de la humildad es Cristo, quien hoy enseña en el Evangelio claramente que “hay que vivirla en las relaciones humanas y comunitarias”; no buscar los primeros puestos, sino los últimos.

Todo el Evangelio según San Lucas nos propone “valorar lo pequeño, lo último” como creyentes en el Dios que pone su mirada sobre los humildes de la Historia: Abraham, el hombre sin tierra ni descendencia, David, el hijo menor de Jesé, María, humilde sierva del Señor; ¡evitemos la soberbia tan común en los ambientes religiosos y tan contraria al corazón de Dios”;

  • La misericordia: propuesta también por Jesús al final del Evangelio de hoy. El Señor nos invita a “vivir la cercanía y la generosidad para con los últimos” (pobres, lisiados, cojos y ciegos), es decir tener la actitud del mismo Padre, que Cristo nos ha mostrado, y quien pone su atención en quienes no pueden pagarle su Misericordia.

La bella imagen de una “comida donde los invitados son quienes no pueden pagar ni corresponder nuestra generosidad” es realmente la clave de una nueva forma e pensar y de tratar a toda persona.

En resumen: este domingo es una invitación a unir, como decíamos, dos actitudes (humildad y misericordia) que nos hacen “más hijos de Dios, más imitadores del Señor que siendo rico, se hizo pobre para darnos vida en abundancia”.

Que María, Madre de Misericordia y “humilde sierva del Señor” interceda para lograra para todos una “humildad misericordiosa”.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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