No nos equivoquemos: elijamos a Dios

Queridos hermanos:

Hoy la Palabra de Dios contiene una fuerte llamada a nuestra conciencia, a nuestra libertad y a nuestra sabiduría: ¡no nos equivoquemos eligiendo lo vano, lo pasajero, lo ilusorio y falso, más bien elijamos siempre a Dios, fuente del bien, de la vida y la felicidad permanente!.

Tal es la intención del fuerte y “aparentemente negativo lenguaje” del Libro del Eclesiastés en la primera lectura: “Todas las cosas, absolutamente todas son vanidad”.

En el texto hebreo la palabra “vanidad” no se refiere a “presunción u orgullo”, alude algo muy serio, lo débil y pasajero, algo de lo que no vale la pena fiarse: ¡revisemos en qué y en quién hemos puesto nuestra confianza, no sea que lo perdamos todo!.

Tal es en el fondo la situación del ser humano, tantas veces edificamos sobre arena, intentamos la solidez y seguridad que finalmente no logramos: ¡reconozcamos la fragilidad de la riqueza misma, de la fama, del poder de las armas, etc. sobre las que el mundo levanta proyectos que tantas veces fracasan!.

Pero no se trata de “tener una actitud pesimista o negativa» delante de los bienes materiales, sino simplemente de darles su justo lugar. Tampoco se trata de negar el valor del progreso humano, del desarrollo como un “escapar de la realidad del mundo», sino de evitar escapar de Dios refugiándonos en los ídolos del poder, el placer, y tener.

Es por ello que el mismo Cristo, abordado por dos hombres que disputaban por una herencia, advierte que el ansia, la angustia y la confianza excesiva, debido a un aprecio excesivo también, por los bienes materiales, no es en el fondo la vía hacia la felicidad: ¡un mensaje duro e incomprensible para un mundo como el actual, definido por una sed incesante de bienestar, buscando más el tener que el ser!.

La parábola del hombre “insensato” es en realidad un acto de misericordia de Cristo, antes que una amenaza: ¡Dios nos llama a no dormirnos en la confianza de lo visible, de lo contable, de lo que al final –como ocurre en la historia de ese hombre “sin sentido profundo de la vida”- nada puede evitar el final tan fuerte de la muerte!.

Es asì como tambièn San Pablo nos invita a una “orientaciòn nueva” hacia las “cosas de arriba, donde está Cristo”.

No olvidemos que el afán enfermizo del bienestar, del poder material es la grave enfermedad que mueve la corrupción administrativa, la gran potencia del crimen organizado y de modo más cercano, el desprecio de la persona, a la que rechazamos no tanto por pensar diferente o ser extranjero, sino por ser pobre.

Pidamos hoy por nuestros Sacerdotes, especialmente lo párrocos, para que como el Santo Cura de Ars elijan siempre la riqueza mayor, que es Cristo el Señor. Y que María Santísima, aquella cuya Asunción celebraremos este mes nos ayuda a elegir bien y “orientar con esperanza, alegría y solidaridad toda nuestra vida hacia el Reino de Dios”.


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