Monseñor Víctor Hugo Palma - Obispo de Escuintla

Nuestra Miseria y su Misericordia

Queridos Hermanos y Hermanas:

Hemos llegado al Quinto Domingo de la Cuaresma del Año de la Misericordia: la Sagrada Escritura, proclamada hoy es una invitación para que finalmente, a través del camino de Cuaresma, se encuentren “nuestra miseria como pecadores y la riqueza de la Misericordia del Dios del perdón”.

Ya la primera lectura es un texto hermoso donde Dios “llama a Israel a una vida nueva donde se olvida el pasado y contempla algo nuevo, que ya está sucediendo por el perdón del Señor”; ¡si esa promesa del Antiguo Testamento está tan llena de emoción para invitarnos al cambio de vida, cuánto más nos motiva la acción de Dios en Cristo!.

En efecto, como cristianos también nosotros caminamos “de lo antiguo a lo nuevo”, dejando, con la ayuda de Dios todo aquello que “no vale tanto como Dios mismo en su Hijo Jesucristo”. Por ello este domingo es importante escuchar a San Pablo: “Lo que era valioso para mí lo he considerado sin valor a causa de Cristo” (segunda lectura).

Si nos preguntamos ¿qué experiencia de Dios tuvo Pablo para “llegar a renunciar a todo” por Cristo? nos damos cuenta que es la “experiencia de la Misericordia” que Dios tuvo con él, como lo dice en la 1ª. Carta de Timoteo 1, 1-4. En efecto, solo el haber gustado esa “misericordia humanamente inexplicable pero es que el rostro propio del Dios de Jesucristo” es lo que puede llevar a una vida nueva; solo el encuentro entre “nuestra miseria que merecía el castigo, con su misericordia que nos otorga el perdón” es fuente de una vida nueva.

He ahí entonces la escena del Evangelio según San Juan; el encuentro se da entre aquella mujer, verdaderamente pecadora, arrastrada hasta el “justo juez” por quienes no querían ninguna justicia sino buscaban acusar al Señor. Pero aún así, el encuentro se da:

  1. Ante las acusaciones, el Señor “sentado escribía en la tierra” como dice Jeremías 17, 13: “Los nombres de los pecadores quedarán escritos en la tierra” en referencia a aquellos que acusaban sin darse cuenta de su propia situación; al final se irán, pues “ninguno podía lanzar la primera piedra”. ¡Jesús llama a no condenar sin tener en cuenta nuestra propia situación de pecado!” nos dice el Papa Francisco en su hermoso libro “El nombre de Dios es misericordia”;
  2. Jesús se queda solo con la pecadora; Él no niega el pecado del adulterio, castigado en el caso de la mujer con la muerte, Jesús da paso a “aquella novedad inmensa, maravillosa” de la que hablaba Isaías, la novedad del perdón. El papa Francisco en su obra citada comenta que solo el perdón borra el pecado, pero que la misericordia se compadece de la situación de destrucción que ese pecado causa en el pecador; ¡dichosa aquella mujer que encontró al mejor juez, el que sabe de justicia pero que la supera con el perdón y la misericordia!”.

La última semana de Cuaresma nos invita pues a no demorar más la santa Confesión; a vivir ese encuentro donde las palabras “Vete y no peques más” serán pronunciadas en alguna forma en la absolución que Cristo mismo nos da mediante el ministerio de los sacerdotes.

Que todos en esta tierra de Escuintla, tan llena de la miseria del pecado de violencia, indiferencia, vicio y empobrecimiento espiritual y material podamos “encontrarnos” con quien puede borrar nuestras culpas porque nos ama y dará su vida por nosotros en la Cruz.

Y que ejerzamos también el perdón a quien nos ha ofendido para que la Misericordia Divina tenga en cada uno un misionero, un testigo de la vida nueva que nos traer el perdón del Señor.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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