Evangelio Dominical

Publicado el 20 octubre 2019 | por Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

¡Oremos con Fe y perseverancia!

Queridos Hermanos:

Si el domingo pasado se nos hablaba de la humildad que lleva a agradecer en la oración, hoy el Señor nos instruye en esa oración, que debe hacerse con fe y perseverancia.

Ante todo recordemos que la oración “es una ventana que se abre y nos ilumina” como dice Papa Francisco… no es “lo último que nos queda” sino “lo primero que deberíamos hacer” cada día y hacerlo “con perseverancia”, sin desconfianza ni cansancio: ¡evitemos entrar en la mentalidad del mundo actual, lleno de sí mismo y por ello mismo, incapaz de orar!.

La Palabra de Dios habla de una oración hecha con Fe y perseverancia, en la escena donde Moisés, ante un peligro gravísimo -la batalla contra los poderosos amalecitas- levante sus brazos y se da la victoria, incluso, en su cansancio le ayuda a mantenerlos levantados hasta la victoria: ¡no nos  dejemos vencer por la duda, venzamos la pereza y el cansancio!

Recordando que la oración no cambia a Dios que ya es bueno, nos cambia a nosotros y nos hace más fuertes. Por ello el Salmo 120 reconoce: “El auxilio me viene del Señor”, una frase que podemos decir todos nosotros, si orando buscamos no desfallecer con la ayuda de Dios.

Sobre esa Fe y perseverancia habla Pablo a Timoteo diciéndole: “Permanece firme en lo que has aprendido”: ¡cuánto de lo que aprendimos en la infancia o juventud lo olvidamos, y era ello lo que nos sostenía en la Fe y nutría nuestra perseverancia!.

Pero es sobre todo el simpático y fuerte ejemplo de Jesús en la parábola de la viuda “que fue escuchada por su mucha insistencia” lo que nos ilumina: no es que el Señor no nos escuche, o -como el juez aquel- nos conceda para que no sigamos reclamando, es que espera con amor que acudamos a Él.

Aquella mujer es el centro de la enseñanza por su perseverancia. Oremos sin duda o cansarnos, no solo por nosotros mismos, sino por aquellos que “no oran o dudan de la eficacia de la oración”.

Una antigua devoción se llama todavía “Apostolado de la oración”: por los enfermos, por los ateos, por los propios enemigos.

¡Vivamos este Domingo del DOMUND y todo el mes dedicado a la Misión Extraordinaria “Bautizados y enviados” orando sin cesar el Santo Rosario Misionero, para que la misión no se confunda con el proselitismo de las sectas o religiones comerciales.

Y que María Santísima Reina del Rosario reciba nuestra oración e interceda para “sin pausa o duda” oremos al Dios que nos ama y nos escucha.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




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