Reflexión – Solemnidad de la Epifanía

La liturgia de este día nos invita a celebrar la solemnidad de la Epifanía, es decir la fiesta de la Manifestación del Señor, porque aquél que nació oculto en una gruta de Belén, en una noche fría y oscura, fue iluminado por la luz de una estrella, que es la manifestación del misterio divino que borra toda huella de oscuridad. ¿hay oscuridad hoy el mundo, y en mi vida? Hoy esa luz aún brilla, recibamos esa luz a través de la Palabra de Dios:

La primera lectura (Isaías 60,1-6) nos invita a:

  • Dirigirnos hacia Jerusalén, mas no tanto hacia la ciudad, sino a la humilde y pequeña aldea de Belén. Todos estamos incluidos en esta profecía de Isaías, acaso no estamos hoy acá en la Iglesia, la Nueva Jerusalén, reunidos en torno al Nacimiento, en torno al niño Jesús, quien es la verdadera Luz del mundo? En efecto, la profecía se cumplió hace dos mil años, pero también se sigue cumpliendo hoy, en cada uno de nosotros, cuando al salir de nuestras tinieblas, hemos venido a la Iglesia buscando la luz del Señor.
  • Vernos como hijos, como hermanos, no como extraños, todos acá buscamos a Aquél que nos ha enseñado a llamarnos hermanos, y a llamar a Dios Padre.
  • Ofrecerle lo mejor al niño que ha nacido y que es la luz en medio de mis tinieblas, estamos invitados a adorarlo. (Es necesario acodarse de Dios más a menudo que de respirar -Gregorio Magno-)

El Santo Evangelio (Mateo 2,1-12) nos invita a:

  • Buscar al niño que ha nacido hace 11 días, (porque a veces hacemos cuentas de los días que faltan para el mundial o de los días que faltan para que termine la novela) estamos llamados a buscar todos los días de nuestra vida al niño Jesús y no solamente haberle celebrado su cumpleaños el 25 de diciembre, sino seguirle siempre y buscarle, caminemos con esos magos de oriente y caminemos con ellos para adorarle.
  • Fijarnos en las actitudes y virtudes de varios personajes que aparecen en escena:

Los magos: (el amor del mundo en busca del bien) van en busca del Rey de Israel para adorarle, están buscándolo, han visto una señal, la estrella, la luz de la gracia, van a adorarlo. Preguntémonos: ¿Hacia dónde estoy caminando este nuevo año 2015?, ¿voy en busca del niño como los magos de oriente? ¿Qué estoy buscando hoy en la Iglesia, bendición, en primer lugar he venido a adorarle?

La tradición les ha llamado: Melchor, Gaspar y Baltasar, junto a sus ofrendas oro (para la realeza) incienso (divinidad) y mirra (para su pasión y muerte).

Herodes, los sumos sacerdotes y escribas del pueblo: (el mal del mundo, que apaga la luz y busca la oscuridad) ellos que estaban en Jerusalén (cerca de Belén) sabían dónde estaba el niño, dónde había nacido “en Belén de Judá por que así lo ha dicho el profeta” pero cometen un error gravísimo, del cual podemos ser también partícipes: saber dónde está Jesús, señalar el camino, pero no ir hacia Él. Digamos juntos  «Señor, nosotros que sabemos el camino, haz que caminemos hacia ti, y no nos quedemos como Herodes, señalando tu camino, y olvidarnos este año, de caminar hacia ti”

La estrella: es la que indica el camino, y es luz en medio de las tinieblas para indicar que Jesús es quien ha vencido la oscuridad, nos toca ser estrellas, para anunciar a Cristo que es la luz de la gracia.

María: estaba junto al niño, desde que fue concebido por obra del Espíritu Santo, hasta el Calvario en la cruz. Jesús siempre está con su madre y María siempre está con Jesús, hoy lo escuchamos nuevamente, los magos “vieron al niño junto a su madre”.  Ella es la nueva estrella, la Stella maris, la estrella del mar, que nos guía hacia puerto seguro.

“Jesús, hoy te manifiestas al mundo, como rey de Israel, rey de paz y alegría, permíteme también a mí, adorarte todos los días de mi vida, y junto con María, estar siempre a tu lado. Amén.


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