Eucaristía

Publicado el 2 junio 2018 | por Pepe Barrascout

Solemnidad de Corpus Christi

Mensaje con motivo de la festividad de Corpus Christi

Queridos hermanos con gran alegría elevamos nuestra acción de gracias al Señor por permitirnos celebrar un año más de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Fiesta en la que revivimos la primera Sagrada Cena. Mediante un acto público y solemne, glorificamos y adoramos el Pan y el Vino que se han convertido en el verdadero Cuerpo y Sangre del Redentor.

Una fiesta solemne que expresa el asombro del pueblo de Dios: un asombro lleno de gratitud por el don de la Eucaristía. En el Sacramento del Altar, Jesús quiso perpetuar su presencia viva en medio de nosotros en la forma misma que se entregó a los Apóstoles en el cenáculo. Nos deja lo que hizo en la última cena y nosotros, fielmente, lo renovamos.

Según las tradiciones, la solemnidad del Corpus Christi comprende dos momentos:

  1. la Santa Misa, en la que se realiza la ofrenda del sacrificio y
  2. la procesión, que manifiesta públicamente la adoración del Santísimo Sacramento. Obediente a su mandato, consagramos el pan y el vino, hostia de salvación.

Se renueva, ante todo, el memorial de la Pascua de Cristo. Pasan los días, los años, los siglos pero no pasó el gesto santísimo en el que Jesús condensó todo su evangelio de amor. No deja de ofrecerse a si mismo, cordero inmolado y resucitado, por la salvación del mundo.

La Eucaristía es nuestra memoria viva. La Eucaristía, como recuerda el Concilio, “contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y nuestro pan de vida, que da la vida a los hombres por medio de su carne vivificada por el Espíritu Santo. Así, los hombres son conducidos a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas junto con Cristo” (Presbyterorum ordinis, 5).

“Buen Pastor, verdadero pan, oh Jesús, ten piedad de nosotros, aliméntanos y defiéndenos”. Este pueblo necesita de la Eucaristía. En efecto, la Eucaristía es la que convierte la Iglesia en Misionera. ¿Pero es posible esto sin sacerdotes que renueven el misterio eucarístico? Por eso en este día solemne, los invito a rezar por todos los sacerdotes de la Diócesis, para que cada día se configuren más con Cristo.

No podemos olvidar a alguien que fue el primer Sagrario de la humanidad, la Virgen María, para que ella nos acompañe en el caminar cristiano y nos ayude a enamorarnos más de su hijo Jesús, presente en todos los sagrarios del mundo.

Así mismo en las manos del Señor encomendamos nuestro Plan Pastoral 2018-2023, paa que tenga frutos de perdón, amor y buenos misioneros dando el buen ejemplo y testimonio de vida.

“Tu que todo lo sabes y puedes, que nos alimentas en la tierra, conduce a tus hermanos a la mesa del cielo en la gloria de tus Santos. Amén”.

Con cariño,

+ Padre José Martín Sirín Ruyán
Párroco de la Catedral de Escuintla
Nuestra Señora de Concepción.




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