Solemnidad de Pentecostés (2016)

Hace un año escuché la siguiente historia, que quisiera recordar: Había una vez, en la sala de un carpintero, un hacha, un serrucho y un martillo… todos intentaban quebrar un hierro que utilizarían para un proyecto. Nadie lo lograba, pues al serrucho se le quebraron los dientes, al martillo el cabo y el hacha se le terminó el filo. En eso les dijo una pequeña veladora, permítanme a mí quebrar ese hierro… y con el fuego y calor de aquella pequeña llama, finalmente lo logró, y el hierro se quebró… Pensemos que así actúa el Espíritu Santo, él es el fuego del amor de Dios, el que puede penetrar hasta los corazones más endurecidos. Hoy esta es la fiesta del Espíritu, la fiesta del amor de Dios, hoy necesitamos reconocer que el Espíritu puede cambiar nuestros corazones endurecidos por el pecado.

Por eso las lecturas que hoy escuchamos, nos invitan precisamente a recordar que hay alguien que puede hacernos cambiar, haciéndonos seguir a Jesucristo el Hijo del Padre.

La primera lectura es el relato de Pentecostés narrado por el libro de los Hechos de los Apóstoles: Todos se llenaron del Espíritu Santo.

Recordemos que bíblicamente la fiesta de Pentecostés celebrada por los judíos, era una fiesta agrícola, llamada también fiesta de la cosecha, de las semanas, aunque también era relacionada con el don de la Ley en el Sinaí (Ex 19) era llamada “fiesta de la Alianza”. Por eso hay similitudes narradas en el libro de los Hechos como imágenes que recuerdan la escena de la Alianza en el Sinaí:

Como  en el Sinaí, Dios se manifiesta ahora en varias imágenes:

  • el viento que es sinónimo del trueno o rumor del monte.
  • el fuego, divido como en lenguas en las cabezas de cada uno.

El fruto del Espíritu será el destino universal de la salvación a través del don de lenguas, porque cada extranjero les oye hablar en su propia lengua, lo que indica claramente el destino universal de la Palabra de Dios, que tiene que ser escuchada en todo el mundo y comprendida por todos creando unidad no desconciertos.

La segunda lectura, afirma cuántas cosas buenas puede hacer el Espíritu Santo en nuestras vidas: Vivir ordenadamente, sin egoísmos, con su ayuda destruir las malas acciones, para ser hijos de Dios y llamar a Dios Padre.

Hoy pareciera que muchos han abandonado este camino, y pensamos que el Espíritu es puro sentimiento, solo una fuerza, y se han quedado en un pentecostalismo sentimental, abusando del Espíritu, como si se tratara de una energía, una descarga eléctrica que hace milagros a diestra y siniestra, olvidando que estamos ante la tercera Persona Divina, que nos puede hacer capaces de cambiar y seguir el ejemplo de Cristo, a través de sus dones.

El Evangelio de San Juan, narra la presencia de Jesús que les pide y promete:

  • Les pide su amor “si me aman cumplirán mis mandamientos”
  • Rogará a su Padre que envíe otro Consolador, el Espíritu de la verdad.
  • Además el Espíritu Santo les recordará todo cuanto él les ha dicho.

También como cristianos en la celebración de Pentecostés recordamos que es Jesús que nos envía su Espíritu, como cosecha más excelente de su Pascua, pues Jesús fue sepultado, fue enterrado como el trigo que muere y ahora el fruto de su muerte-resurrección es su Espíritu, porque tal y como dice el Catecismo de la Iglesia “sin el Espíritu es imposible ver al Hijo de Dios, y sin el Hijo nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo y el conocimiento del Hijo se logra por el Espíritu Santo”.

De manera que hoy Jesús nos da la ayuda necesaria para poder configurar nuestra vida con Él. Se trata de ser cristianos verdaderos, es decir: “alter Chrisuts” que significa “otro Cristo” con la ayuda del Espíritu Santo. Y para eso le pedimos hoy sus dones:

  • Sabiduría: para conducir nuestra vida a la luz del Evangelio…
  • Inteligencia: para descubrir la verdad de las cosas…
  • Consejo: para iluminar la conducta propia y la de los demás…
  • Fortaleza: para sostenernos en las dificultades…
  • Ciencia: para comprender el orden y leyes de las cosas…
  • Piedad: para ser humilde y reavivar nuestra relación con Dios…
  • Temor de Dios: para recordar la fragilidad y pequeñez humana pidiendo a Dios su gracia.

Sólo a través de su dones, podemos dar los frutos del Espíritu que son: Alegría, Amor, Amabilidad, Bondad, Dominio de sí, Fidelidad, Humildad, Paciencia, Paz.

Ven Espíritu Santo y envíanos desde el cielo un rayo de tu luz, para iluminarnos


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