Evangelio Dominical

Publicado el 4 marzo 2018 | por Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

¡Volvamos al Señor con sinceridad!

Queridos Hermanos:

Este tercer domingo de Cuaresma, coloca mediante la Palabra de Dios una condición fundamental para vivir el “camino de conversión a la vida nueva en Cristo” que llegará en la Pascua: es la condición de la sinceridad, de la actitud honesta para con el Señor, para con la Iglesia, para con la Familia, para con nosotros mismos.

“La verdad o la veracidad es la virtud que consiste en mostrarse verdadero en sus actos y en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación o la hipocresía.” “La mentira consiste en decir algo falso con intención de engañar al prójimo que tiene derecho a la verdad” nos dice el Catecismo de la Iglesia. Pero esa sinceridad necesita un instrumento de examen, he ahí la Ley de Dios, sus mandamientos.

En la primera lectura se recuerda aquella “alianza” aquel “pacto de vida entre Dios y su pueblo”, los mandamientos no eran un límite a la libertad –como algunos hasta hoy los consideran-, eran y siguen siendo el “camino para vivir una relación con el Señor, fundada en el don de la libertad auténtica”, ¡evitemos decirnos creyentes y hasta “hijos de Dios” teniendo en lugar de su voluntad, de su ley el trasfondo de nuestros intereses, de nuestras “idolatrías!”.

Cuando, por ejemplo, el Señor prohíbe las imágenes de lo que está en el cielo o la tierra, prohíbe “la adoración” a una obra de las manos humanas. ¡Cuánto ataque de las sectas fundamentalistas a los católicos por las imágenes, cuando ellos rinden adoración al “dios – dinero” como “fuente de bendiciones”!.

Es por ello que en el Evangelio se recoge una escena para tantos difícil de comprender: Jesús, el Señor misericordioso “expulsa a los vendedores” de dicho lugar; en el fondo el Señor quiere “recuperar el sentido sagrado no solo del lugar mismo, sino de la actitud religiosa”, tantas veces falta de sincerdidad:

  1. Jesús, sin golpear a nadie, vuelca las mesas y dice que ese “templo y casa de su padre” ha sido convertido en cueva de ladrones, es decir, en un lugar para “sentirse seguro, como lo ladrones en sus cuevas”, en una postura de falso culto, de “ocultamiento de la corrupción, de aseguramiento de la conciencia manchada”. ¡No vivamos una Cuaresma de “apariencia ante los demás y de disgusto en el interior a los ojos de Dios”!;
  2. El templo era el lugar de la “presencia de Dios entre los suyos”. Era un lugar sagrado que llamaba fuertemente a vivir en “santidad” como Aquel que lo habitaba. En un momento dado, ya no será aquel templo material de Jerusalén el lugar del encuentro con la presencia de Dios: ¡será el mismo Señor Jesús el Templo vivo, el templo hecho no por mano humana, el Templo santo donde se reúne el pueblo de Dios”!;
  3. Jesús habla de la “destrucción de su cuerpo” y de su resurrección al tercer día, efectivamente, ese cuerpo suyo es también el “templo al que hemos de entrar con sinceridad, con honestidad, con la conciencia limpia de culpas, ¡aprovechemos este tiempo de purificación para poder estar en comunión verdadera con Dios y los hermanos!.

Que este domingo, cuando ya la Cuaresma avanza, cumplamos definitivamente con la meta de confesarnos, no como ir a una “lavandería” dice el Papa Francisco, sino para retomar la Ley de Dios, sus mandamientos, que tantas veces ni sabemos ni cumplimos con sinceridad.

Jesús que “conoce lo profundo de cada uno” (Jn 2, 13-14) nos envíe su Espíritu Santo para amar, seguir y decir la verdad en el camino cuaresmal.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




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