Homilías

Published on 3 agosto 2014 | by Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

XVIII domingo del tiempo ordinario

Mensaje de Monseñor Víctor Hugo Palma, Obispo de la Diócesis de Escuintla

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

El martes pasado, en una Eucaristía concelebrada en nuestra catedral, bajo la mirada amorosa de nuestra Señora de concepción, Patrona de Escuintla hemos recordado el día en que el inolvidable Cardenal Bernardin Gantin, en nombre de San Juan Pablo II, erigió la Diócesis de Escuintla y nombró al llorado Monseñor Fernando Gamalero González como Primer Obispo de Escuintla. De esto hace ya 20 años que para nosotros más que un punto de llegada, significan un punto de partida, asumiendo con renovado entusiasmo la tarea de seguir construyendo el Reino de Dios en estas tierras de la costa sur.

El Evangelio de este domingo, exige el compromiso de todos los discípulos en la construcción de este Reino de Dios. Quiero partir de un problema que ha dado que hablar últimamente: El drama de la migración de menores a Estados unidos. El Papa Francisco ha hablado de una verdadera “crisis humanitaria”. En una carta dirigida al gobierno mexicano el Papa les decía “Tal emergencia humanitaria reclama como primera medida de urgencia, proteger y acoger debidamente a estos menores, sin embargo, esas medidas no serán suficientes si no van acompañadas de políticas informativas sobre los peligros del viaje y sobre todo, de promoción al desarrollo en sus países de origen”.

El encuentro de los Presidentes de Guatemala, El Salvador y Honduras con el Presidente Obama creó una gran expectativa, muchos creyeron que el gobernante estadounidense propondría la legalización de los niños y jóvenes migrantes, sin embargo, el gobernante estadounidense instó a los presidentes centroamericanos a asumir una responsabilidad compartida para resolver las causas subyacentes de la migración, reduciendo la actividad criminal y promoviendo una mayor oportunidad social y económica.

Realmente, el hambre sigue siendo una triste y dolorosa realidad, en la que viven muchas personas en el mundo de hoy. Existen diversos tipos de hambre, mucha gente tiene lo que el Evangelio llama “hambre y sed de justicia”, otros mueren literalmente de hambre. En nuestra Guatemala se habla de altos índices de desnutrición infantil: recuerdo los datos publicados por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social que hablan de 884 casos de niños desnutridos en el Departamento de Escuintla, sin ánimo de ser pesimista, pienso que quizá hay más.

La violencia sigue siendo el azote que desangra nuestra tierra, en Escuintla el crimen organizado, la delincuencia común, e incluso las agresiones intra-familiares han causado muchísimas muertes, una situación que cada día se intensifica y que hace parecer que todos los esfuerzos de las autoridades por frenar tan lamentable flagelo, parezcan insuficientes e inútiles.

Ante el panorama desolador de nuestra realidad, el Evangelio de hoy nos presenta dos actitudes:

La primera la de los apóstoles: “Despídelos, que se vayan, que miren como se las arreglan, su hambre y sus dramas no son nuestro problema, no nos interesa en lo más mínimo lo que le suceda a los otros, mejor nos dedicamos a nuestras oraciones y devociones, ellos que miren como salen”.

La segunda la de Jesús: “No hace falta que se vayan, denles ustedes de comer”.

Nosotros todavía podemos alegar como los apóstoles nuestra falta de recursos y el Señor ya no responderá más, no hay que hablar tanto y empieza a dar instrucciones para que el hambre se termine: un joven comparte sus dos panes y sus dos peces, el Señor da el alimento a los suyos, para que lo repartan, casi como invitando a todos los discípulos  a poner nuestro granito de arena para solucionar entre todos los grandes problemas que nos aquejan como sociedad.

Monseñor Víctor Hugo Palma




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