¡Alegrémonos en el tiempo de Conversión!

Mensaje de Monseñor Víctor Hugo Palma, Obispo de la Diócesis de Escuintla

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

El cuarto domingo de Cuaresma tiene nombre propio: es “el domingo de la alegría”, es decir, un momento en el cual, durante el serio y exigente camino de penitencia cuaresmal, vislumbramos ya nuestra salvación que se acerca, percibimos al Señor que viene a nuestro encuentro. La misma liturgia permite usar hoy al celebrante ornamentos de color rosado, en lugar del morado penitencial, para indicar el clima de gozo espiritual que debe vivir la comunidad.

Comparativamente, pensemos en alguien que sigue un “tratamiento médico” muy exigente, pero durante el cual ya se siente mejor, y recibe del médico la indicación de que falta poco camino para la curación: ¡alegrémonos también nosotros pues la gracia de Dios actuará seguramente en nuestra vida!.

Para invitarnos a vivir este “domingo de alegría” las lecturas nos presentan la historia del antiguo Israel: sus pecados y desviaciones le llevaron a experimentar la destrucción del reino, la muerte y la tristeza. Se dice en la primera lectura tomada del libro de las Crónicas que “Dios envió contra ellos a los caldeos que incendiaron la casa de Dios”.

Una expresión así puede hacernos pensar en un Dios vengativo ante nuestros pecados: es precisamente la falsa doctrina que predican las sectas mal llamadas “evangélicas” que se presentan a los enfermos y pobres para “obligarles a aceptar a Cristo” so pena de que Dios les castigará. Ese es un fuerte abuso, un forzar la “aceptación de Cristo”: tal y como indicaba San Juan Pablo II: “Las sectas actúan contra la dignidad de la persona humana” (Exhortación “La Iglesia en América”, 1996). ¡Todo lo contrario!: hoy la alegría de la Buena Nueva tiene motivo porque surge Ciro, el rey de Persia como instrumento de Dios que “ordena a los cautivos de Israel” volver a su tierra, recomenzar su vida.

Más grande es la alegría de este domingo al escuchar, ya no de Ciro de Persia un decreto de perdón, sino del mismo Señor Jesucristo que anuncia en el Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que el que crea en Él no perezca sino tenga vida eterna”. Como nos enseña el papa Francisco: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo, siempre nace y renace la alegría” (Exhortación “La alegría del Evangelio”).

Quisiera ahora invitarles a que el gozo de este domingo lo relacionemos con el esfuerzo que se supone hacemos en la parroquia, en la familia, en los cenáculos: a pesar del clima de violencia, de delincuencia, de confusión moral y religiosa en Escuintla, descubrimos a muchos hermanos a están viviendo bien su Cuaresma, acercándose a la confesión, escuchando la Palabra de Dios, practicando el alejarse de tantas cosas innecesarias y compartiendo con los más pobres. ¡Ninguna fuerza del mal puede arrebatarnos la alegría de la Fe que nos lleva a la Pascua!.

Quiero finalmente, agradecer a nuestros sacerdotes de Escuintla que están viviendo la propia alegría de su ministerio en el servicio de las “penitenciales” de confesiones en las parroquias. Sigamos adelante, con alegría y esperanza, nuestro camino sobre todo en familia, hacia la vida nueva que nos ofrece abundantemente Aquel que nos ama y nos ha entregado a su Hijo para nuestra salvación.

 

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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