Fe y Misericordia

Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo el Señor Jesús vuelve a señalar esa relación importantísima entre “la Fe como una forma de vida” y la misericordia, ésta última, como servicio constante al Señor y los hermanos. En la primera lectura se contiene una de las frases más famosas del pequeño libro del profeta Habacuc: “El justo vivirá por la Fe”.

Es una expresión muy usada por el Protestantismo y el Evangelismo en general, pero contrariamente al sentido que allí se le da (una especie de abandono en Dios, sin mucha responsabilidad humana) el profeta se dirige a una comunidad en gran peligro por la guerra: ellos encontrarán su fuerza en el Señor en la medida en que “esa Fe que profesan” se convierta en relaciones de justicia, de solidaridad.

Es por ello que en el Evangelio el Señor Jesús nos indica:

  1. La Fe es “una fuerza poderosa” capaz de “mover montañas” en cuanto es un don (Catecismo de la Iglesia, 2457) al que corresponde la respuesta humana. Dios nos invita a creer, nos da su Gracia, y con ella se va transformado el mundo, mediante el compromiso personal, familiar, comunitario, eclesial, con el Reino de Dios: con el mismo Señor que es el “Reino que ha llegado a nosotros” (Papa Benedicto XVI);
  2. Y la forma concreta de ese compromiso es el servicio intenso, constante, desinteresado para con Dios y los hermanos, y como bien dice San Agustín “hacia Dios mediante los hermanos”. La comparación del Señor parece dirigirse a los discípulos: ellos le habían pedido el “aumento de Fe” quizás pensando como muchos lo hacen, que la Fe es “sentirse seguro” o tener la certeza de que todo saldrá bien. Jesús indica el servicio desinteresado que encuentra la satisfacción en el hecho de realizarse para Dios y los hermanos “sin esperar recompensas”.

Pidamos al Señor que en medio de la confusión de lo que significa la Fe por la mala influencia de las sectas (sentimiento de seguridad decíamos o “bendición del negocio”): ¡cuántas personas viven una conversión pasajera que lo los aleja de los Sacramentos, de la Virgen María, de la unidad y verdad de la Iglesia, porque dicen “haber aceptado  a Jesús ” sin mayor deseo de servir!.

Recordemos lo dicho por Habacuc: “se vive por la Fe” cuando ella es servicio que fortalece, como bien dice San Pablo en la segunda lectura: “conformando la vida con el mensaje del evangelio” en las pequeñas y grandes decisiones de nuestra vida.

Pidamos, sobre todo, para que la Familia sea “escuela de educación en la Fe”: que las nuevas generaciones “aprendan la fortaleza de la Fe” en el amor constante de los padres en los tiempos buenos y malos., en el servicio desinteresado de todos en casa y para con el mundo, especialmente hacia los más pobres.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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