Homilía I Domingo de Cuaresma

JESÚS INICIA NUESTRA CUARESMA

Este primer domingo de Cuaresma las lecturas de la Palabra de Dios nos indican el inicio de un camino al desierto, un recorrido misterioso que realiza Jesús y unidos a Él, nosotros también queremos iniciar los cuarenta días de preparación hacia la Pascua. En efecto, estamos caminando hacia la Pascua, porque la Cuaresma no es un tiempo independiente a la Pascua, lo importante es llegar hacia la Pascua. Ahora recordemos que son cuarenta días de preparación, en recuerdo de los:

  • 40 días que llovió durante el diluvio,
  • 400 años del pueblo de Israel en Egipto
  • 40 años pasó el pueblo de Israel en el desierto,
  • 40 días de Moisés y Elías en la montaña
  • 40 días que Jesús estuvo en el desierto.

La cuaresma es un camino espiritual, un recorrido por el interior de cada ser humano y ver cómo estamos por dentro y sacar lo malo y remodelar el corazón. Jesús inició la primera cuaresma, y nosotros ahora con él, no solos, sino junto a él estamos iniciando este tiempo fuerte, tiempo de gracia, para prepararnos también en el duro combate contra el mal que nos acecha. Habrá que caminar con Jesús en esta cuaresma, acompañarlo en el rezo del vía crucis para también nosotros lleguemos a celebrar y vivir su Pascua.

La cuaresma es un tiempo de ejercicio espiritual. Comúnmente vemos cómo muchos van a los gimnasios para hacer ejercicios físicos, para remodelar el cuerpo. Así también la cuaresma es un tiempo de ejercicios espirituales, para remodelar y reorientar nuestra vida al verdadero camino de salvación. (Hace poco fui a una bendición de una casa que se había remodelado y que ya había visitado cuando aún estaba en ruinas, fue un verdadero cambio, y pensé: “así debe ser nuestro cambio al finalizar la cuaresma” una remodelación de nuestro corazón, porque como dice el salmo 126 “Si el Señor no construye la casa  en vano se cansan los albañiles”.

La cuaresma es un tiempo de lucha, de combate espiritual. Hoy el evangelio nos dice claramente que Jesús fue tentado por Satanás. El Evangelio de Marcos no nos dice cuáles fueron las tentaciones de Jesús, sin embargo apoyados por el Evangelio de Mateo sabemos cuáles fueron: a) convertir las piedras en pan, a lo que Jesús responde “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús vence al diablo con la Escritura, y además nos enseña que la “piedra” la tentación de Satanás, que es la muerte, una verdadera piedra, es vencida por la resurrección de Jesús en la Eucaristía el verdadero Pan del cielo. Jesús lucha, combate contra el mal y sale victorioso.

La cuaresma es un tiempo para vencer las tentaciones. Jesús venció al mal, él mismo sale victorioso después de su cuaresma. ¿Y nosotros, cómo vamos a salir esta cuaresma? Debemos salir como Él, vencedores de las tentaciones de este mundo. Primero tenemos que identificar cuáles tentaciones son las que Satanás pone en mi vida y pedir como Jesús nos enseña: “no nos dejes caer en la tentación” y discernir el verdadero camino de la vida. Debemos también distinguir entre ser tentado y consentir en la tentación que es caer en pecado. Esto implica como dice el Catecismo de la Iglesia (CEC 2848) “una decisión de corazón”

La cuaresma es un tiempo para la oración. Por medio de la oración Jesús sale victorioso del Tentador, tanto en el desierto como en su agonía (Cf. Mt 26, 36-44). Hay que vigilar el corazón y alimentarlo con la oración, con el diálogo con Dios constante, porque solos nunca podremos salir victoriosos del mal de este mundo.


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