Misericordia y Súplica

Queridos hermanos y hermanas:

El Señor Jesús, rostro misericordioso del Padre continúa este domingo su enseñanza sobre la oración cristiana. El domingo pasado nos indicaba que “debemos agradecer los dones de Dios” como Naamán el sirio o el samaritano, ambos curados de la lepra y capaces de reconocer y agradecer.

No olvidemos que el domingo nos reunimos para celebrar la “Acción de Gracias” al Padre en Cristo por medio del Espíritu Santo: ¡demos siempre el primer lugar en la vida a la gratitud y a la súplica ante el Señor!.

Y precisamente de la “actitud de súplica” nos ilustra la Palabra de Dios este domingo mediante “dos orantes que no se cansan de pedir”:

  1. Moisés, que con los brazos levantados suplica la victoria de Israel contra Amalec. Cuando Moisés “baja los brazos” la situación cambia e Israel pierde la guerra. La enseñanza no es que Dios sea sordo o “cambie de malo a bueno por mucho pedirle”, la enseñanza de esta escena es que ante todo los padres (como Moisés era padre espiritual del pueblo) no deben “darse por vencidos”, ¿amas a tus hijos y buscas su bien? Entonces ora por ellos sin cesar. Admirable es la actitud de aquellos que “le levantaban los brazos” cuando se fatigaba; ¡animemos y ayudemos también nosotros a quienes comienzan a perder la esperanza y “se fatigan espiritualmente”!.
  2. La viuda insistente ante el juez injusto, es el segundo ejemplo que propone el mismo Jesús. La oración es también (como en el caso de la guerra de Israel) una batalla, una batalla que no podemos abandonar por amor a los que dependen de esa oración, la familia, los amigos, la comunidad. En el ejemplo de la viuda, repetimos, que la comparación no es la de Dios con “alguien que nos oye por la insistencia molesta” que le causamos o “por nuestras muchas palabras”.

Ya Jesús advierte de “no hablar mucho ni en público o para ser vistos” (Mt 6, 5). Él pide más bien una actitud fortaleza espiritual, de constancia, pues una vez más lo decimos, la oración no cambia a Dios que ya sabe lo que necesitamos, nos fortalece a nosotros.

Por ello es importante recordar que aunque tenemos necesidades personales, la mejor oración, es la que se hace por misericordia por las causas de los demás, es decir la oración de intercesión.

Jesús termina con una pregunta “verdaderamente preocupante”, cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará Fe sobre la tierra?. Decimos preocupante, pero sabemos que si oramos la Fe se mantiene, se nutre, se fortalece.

Oremos con María en este mes del Rosario por tantas víctimas de la violencia en Escuintla y en Guatemala, oremos para que retroceda el demonio de la corrupción y la insensibilidad, oremos por aquellos que no saben o quieren hacerlo o por quienes están a punto de caer en la tentación.

María, Reina del Rosario, Patrona de Guatemala “bajo tu amparo nos acogemos: líbranos de la muerte espiritual de la Fe, mantén encendida como Madre la lámpara de la oración de tus hijos en todo momento. Amén.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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