Nuestra Señora de la Concepción de El Viejo – Nicaragua

Advocaciones Marianas en América: Nuestra Señora de la Concepción de El Viejo – Nicaragua

Patrona de Nicaragua, su festividad se celebra el 8 de diciembre.

En un documento de 1665, el carmelita Juan de la Plata dejó escrito: «Sabe Dios y su Madre santísima que a esta venerada imagen suya, de este pueblo de El Viejo, le hago todos los días recuerdo de su persona… Mi Santa Madre Teresa de Jesús se la dio a un hermano suyo, que pasó a estas partes y aquí murió y aquí la dejó». Y otro carmelita, fray Isidoro de la Asunción, en 1674 abundaba en la misma afirmación, sobre el hermano de Santa Teresa, como portador de la imagen de,la Inmaculada Concepción que se venera en El Viejo, departamento de Chinandega, Nicaragua. Según esta tradición, sería don Rodrigo Cepeda y Ahumada quien llevó a Nicaragua la venerada imagen de la Virgen. Sin embargo, estudios posteriores del arzobispo de Quito, Manuel María Polit, en su obra «Los Hermanos de Santa Teresa en América», defiende como más probable que podría tratarse de un Cepeda, primo o pariente de la santa, y no su hermano Rodrigo. El portador de la imagen, hermano o pariente de Santa Teresa, la donó a los franciscanos, que la colocaron en su iglesia, y alentaron su culto y veneración popular.

La imagen, según una antigua descripción, mide «media vara de alto (unos 42 centímetros), de rostro hermoso, trigueña, con los ojos mirando hacia abajo, y con las manos juntas delante del pecho».Desde los primeros años de la evangelización de Nicaragua, en el anuncio del Evangelio de Jesús estaba incluida, en lugar preferente, la figura de María, la Madre del Señor. Nicaragua se constituyó como diócesis el 26 de febrero de 1531. Los primeros obispos se distinguieron por el amor a María: Don Diego Álvarez de Osorio (1531), el jerónimo Francisco de Mendavia (1537) y el dominico fray Antonio de Valdivieso (1544). Ellos alentaron la devoción a María, que predicaban los franciscanos, los dominicos y los mercedarios, y que preparó el terreno para la acogida de la Concepción de El Viejo.

Por diversas circunstancias, son varios los nombres que se dan a la Virgen María, Patrona de Nicaragua.Por una parte, es la imagen clásica de la inmaculada Concepción. De ahí el nombre oficial de Concepción. Por otra parte, esta advocación se completa con el nombre del lugar donde se venera: El Viejo. Sin embargo, popularmente se la conoce como la Virgen del Trono o Nuestra Señora del Trono, aludiendo al trono sobre el que está la imagen, o al trono que tiene en cada corazón de los católicos nicaragüenses. Efectivamente, la imagen de la Virgen se encuentra en el retablo del altar mayor, guardada en un tabernáculo sobre un trono, cuya plataforma es rotatoria. Así, cuando se quiere, se pone a la vista de todos los que hay en el santuario; o se le da la vuelta y queda detrás del altar. Para verla de cerca, puede subirse hasta su trono. El altar y el tabernáculo que guarda la imagen están recubiertos con gruesas láminas de plata: la mayoría fueron donadas en 1678 por el capitán Francisco de Aguilera.

El nombre de la población de El Viejo, según una tradición, procede de un anciano indígena, cuya cara fue desollada con el fin de espantar a los españoles, al ver lo que podrían hacerles los indígenas. Hay otra leyenda, según la cual, el nombre procede de un cacique indio que gobernó hasta bien entrada su ancianidad, y dejó buen recuerdo entre sus súbditos.

En El Viejo está el santuario nacional de Nuestra Señora de la Concepción. La imagen de María, de gran belleza, atrae a miles de peregrinos de todo El Salvador y de las repúblicas de América Central. A lo largo de todo el año llegan devotos hasta el trono de la Madre de Nicaragua: a suplicarle, a contarle sus cuitas, a darle gracias por su protección. Pero el número de peregrinos es muchísimo mayor durante las famosas fiestas de diciembre.

Las fie>stas comienzan con la novena preparatoria. El día 6 de diciembre tiene lugar uno de los actos más solemnes: la sagrada imagen es bajada de su trono y expuesta a la veneración popular, en medio de un clima festivo, con cantos, vivas a la Virgen e himno, acompañado de banda de música. Luego se celebra el famoso lavado de plata, acto original y significativo: se sacan a la plaza que rodea a la iglesia todos los objetos de plata y de oro y los exvotos. Todos los objetos metálicos son lavados con ceniza y limón, con la colaboraron de todos los que esperan con ilusión en la plaza. Una vez limpios, son introducidos en el santuario, y colocados en el camarín de la Virgen. Un hecho curioso: jamás se ha «perdido» ninguno de los objetos del culto mariano, habiendo algunos de muchísimo valor. Al finalizar el día 6, la imagen de la Virgen es devuelta a su trono.

El día 7 de diciembre, víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, se engalanan las calles; en los hogares montan un típico altar, en el que no falta un cielo, nubes, resplandores, flores frescas y luces de colores, para honrar a la Purísima, colocada en lo más alto. Devotos de todas las edades van por las calles, cantando y rezando, mientras visitan los altares domésticos y recogen los frutos del país y los dulces que el dueño de la casa ofrece, juntamente con un vaso de chicha de maíz, a los visitantes.

Cuando el grupo de visitantes callejeros ha rezado y cantado ante el altar, comienza la célebre Gritería: ««¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María!»

Así se llega a la noche de la Vigilia de la Inmaculada, la noche mayor de las fiestas. Todo es alegría que estalla en las calles abarrotadas de gente: gritos, cantos, flores, cohetes, pitos, campanas al vuelo…, ambientan la noche de fiesta y alegran los corazones.

Las fiestas de la Purísima han ido extendiéndose a otras ciudades. En León quedó oficialmente instituida la famosa fiesta de la Gritería, en diciembre de 1950. En la tarde del 7 de diciembre se congregan las autoridades civiles, eclesiásticas y militares de la ciudad en el atrio de la catedral con todo el pueblo, para inaugurar oficialmente la noche de la Gritería. A una con todos los reunidos, el obispo entona y canta himnos a la Purísima. Y a las seis en punto, el alcalde lanza el grito tradicional, preguntando: ¿Quién causa tanta alegría?» Al que todos contestan a coro: ¡La Concepción de María!» Como un eco del pueblo, las campanas repican a fiesta.

La honda tradición inmaculista franciscana y española se ha convertido en fiesta, que culmina el 8 de diciembre, en El Viejo, en León, en Granada y en toda la República de Nicaragua. Una espléndida fiesta callejera y exterior, que siempre permite un remanso de paz para mirar cara a cara a la Madre, a la Inmaculada, verse imperfectos y manchados en el espejo de sus ojos, y pedirle que bendiga y aliente los deseos de amor al prójimo, de fe, de paz, de pureza.

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