Homilías

Published on 17 enero 2016 | by Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

Vivamos la Alegría de las Bodas de la Misericordia

Queridos Hermanos y Hermanas:

También este domingo continúa presentándose ante nuestros ojos y nuestro corazón. Aquel que revela la “misericordia del Padre”; Jesús de Nazareth, que invitado hoy con sus discípulos a una boda en Caná de Galilea realiza un momento más de su “autorevelación”, como decimos en el segundo misterio luminoso del rosario, convirtiendo en agua en vino.

Es el seguimiento de su “presentación” para que le sigamos desde el inicio del Año de la Misericordia: Él ha venido a cambiar la suerte de la humanidad, simbolizada en la primera lectura como una mujer cuyo nombre es transformado: ya no más “abandonada” sino “desposada con su Dios”.

Como sabemos, la boda es símbolo de la plenitud del amor en el lenguaje de la Biblia. Para simbolizar ese amor pleno por su pueblo, el mismo Dios se presenta como “esposo” de Israel. Pero ese símbolo encuentra su cumplimiento maravilloso en el milagro de Caná.

Si nos fijamos bien, gracias a la intercesión de María, aquellas gentes que simbolizan el antiguo pueblo de Dios “no tenían vino”, es decir, carecían de alegría, de vida, de presencia de Dios.

María “intercede” y Jesús, comienza sus signos, es decir, hace presente ya en aquel momento la obra de transformación que cantaba el profeta en la primera lectura:

  1. 1) Jesús cambia abundante agua en vino (se calcula que unos 490 litros) porque ya en tiempos antiguos se decía que el Mesías daría una salvación “abundante”. San Agustín indicaba que “tanto vino no puede desperdiciarse pues estaban al final de los días de fiesta, queda mucho para lo bebamos tú y yo, pues el vino de la salvación”;
  2. 2) Sobre este milagro, la atención suele dirigirse al “portento”, a la cosa extraña, como dice el encargado de la fiesta al novio: “Dejar el vino nuevo para el final”. Pero San Juan quiere llamar nuestra atención sobre “Aquel que hace el milagro”, en Jesús, Dios mismo se esta presentando como el “esposo de su Pueblo”, como aquel que viene a darle vida plena, dignidad, honor, estabilidad, etc. como hacía un esposo con su esposa. Ya San Pablo lo dice en la Carta a los Efesios hablando del matrimonio: “Cristo es el Esposo y la Iglesia es la Esposa” (Ef 5, 1ss). Y no pueden un esposo tener varias esposas o una esposa varios esposos: ¡que pena ver a cristianos que van saltanto de iglesia en iglesia” viviendo una especie de adulterio espiritual, una variedad de “bautismos” como diríamos el domingo pasado cuando solo puede haber un Señor, un bautismo, un Dios y Padre (Ef 4, 1ss9;
  3. 3) Pero volviendo a la escena, todo ocurre porque la Madre de la Misericordia pide a su Hijo poner vida y alegría donde había muerte y duda; ¡gracias, María, porque logras en aquel momento el inicio de la manifestación del amor misericordioso del Padre en Cristo!;
  4. 4) Resta entonces, que nosotros mismos hagamos como los discípulos: “desde entonces creyeron en él”; ¡la Fe es una boda espiritual, ¡creamos también nosotros y sigamos todo este Año de la Misericordia a quien en una boda sencilla en un pueblo alejado, hoy nos invita al vino nuevo y mejor del amor del Padre para con sus hijos.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




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