El Señor nos anima en el camino

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un camino hacia la vida: saliendo de nuestras actitudes de pecado, de nuestros errores y faltas contra Dios y nuestros hermanos. No es un camino fácil pero es el camino verdadero, en el cual el mismo Señor nos llama y nos atrae con su amor hacia la vida nueva.

De su llamada y de la actitud de Fe para “salir y comenzar el camino” nos habla el maravilloso ejemplo de Abraham, nuestro “padre en la Fe” en la primera lectura. A pesar de su edad y de las condiciones contrarias “a toda esperanza” Abraham emprende un camino que un día le llevará a ver realizada la promesa del Señor: ¡salgamos también nosotros de nuestro modo de pensar y de actuar contrarios a los caminos del Señor!.

San Pablo también nos anima a conseguir las promesas de Dios, aquellas que Abraham solo pudo ver en la fe, pero que para nosotros se han manifestado ya en Jesucristo. Lo repetimos: el camino cuaresmal no es fácil e implica seguir a Aquel que será rechazado por el mundo.

Por ello que este domingo, movido por su misericordia hacia su Iglesia que peregrina en Cuaresma, el Señor nos ofrece “una visión del futuro de gloria”, es decir, de vida, de felicidad verdadera, de luz abundante.

En la famosa escena de la “transfiguración” en el monte Tabor (cuyo nombre significa “buena luz”) Cristo se hace acompañar de Pedro, Santiago y Juan y al menos por un momento les manifiesta su gloria. Le acompañan Moisés y Elías que hablan precisamente de los padecimientos del Señor en Jerusalén. Le enseñanza es importante:

  1. Muchas veces queremos seguir al Señor sin tener en cuenta que “le debemos acompañar también en su Pasión”; como lo indica San Pablo de su propia vida: “Con Cristo estoy crucificado” (Gal 2, 19ss). ¡Tengamos cuidado con el error protestante y de tantas falsas iglesias de “prosperidad” que nos apartan del verdadero seguimiento de Señor también en los momentos de martirio  y de entrega total!
  2. La Pasión de Cristo es el camino para su resurrección: cuando leemos el Antiguo Testamento tengamos cuidado de hacernos la idea de un “dios de triunfo y de poder”. La cruz del Señor es el amor extremo y fiel, y siendo cristianos debemos leer siempre en actitud de fe el Nuevo Testamento que no oculta ni quiere engañar a nadie, como bien lo dice San Pedro: “Cristo padeció por nosotros para darnos un ejemplo” (1Pedro 2, 21-24)
  3. Estamos llamados siempre a “contemplar espiritualmente la gloria de la vida cristiana” pero también a bajar del monte de la contemplación y seguir el camino hacia Jerusalén: nos anima la hermosa escena del humilde hijo del carpintero a quien hoy reconocemos como Mesías glorioso.

Que en Escuintla vivamos este tiempo meditando que ninguna realidad dolorosa (violencia, abundancia del vicio, poder del crimen organizado, violencia intrafamiliar, indiferencia) y menos del temor del esfuerzo espiritual, nos hagan olvidar la gloria del monte, y acercándonos a la Confesión para recobrar la pureza de la Gracia como bien nos anima el mismo Jesús: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 6ss).

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma


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