Fe, peregrinación, trasformación interior.

¿Para qué peregrinar a Esquipulas?

El término “peregrino” proviene del latín “peregrinus” y señala al que recorre tierras extrañas. Es quién se encamina hacia un lugar santo, como subraya el salmista, “Que alegría cundo me dijeron: Vamos a la casa del Señor” (Sl 122, 1). El autor sagrado señala la centralidad de este acontecimiento y es el encuentro con Dios. Sólo Él, llena las expectativas del hombre peregrinante, por tal motivo como Pueblo de Dios “caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia (GS 45), inaugurada y plenificada en Cristo.

Hoy nos encontramos a pocos días para celebrar al Cristo Negro de Esquipulas. Es frecuente observar en estas fechas a miles y miles de peregrinos de distintos lugares que se prepara para dirigirse a dicha Basílica. No obstante la peregrinación a menudo se desvirtúa, es reducido a un conjunto de ritualismo vacío y a veces lleno de superstición. Por lo tanto es necesario preguntarnos ¿Peregrinamos por nuestra fe o nos motiva los dulces, la bebida, salir de la casa, quedar bien con alguien, cambiar de rutina?

No hay peregrinación sin conversión. La peregrinación no es un fin en sí mismo, sino responde a un horizonte de conversión, a la reminiscencia de nuestra caducidad, temporalidad y de reconocer nuestra fragilidad. Sólo reconociendo esta realidad, se logrará la exigencia que hacía el Papa de emérito Benedicto XVI: “redescubrir el camino de la fe” (PF 2). La fe al peregrinar convoca a una auténtica trasformación interior, que se articula desde el encuentro con Cristo.

El encuentro tiene lugar en la comunión eclesial y familiar. El peregrino es reflejo de la Iglesia peregrina, allí el cristiano manifiesta con gozo su fe. Peregrinar es encaminar junto a otro, “en una multitud de hermanos, caminando hacia el Dios que los espera” (DP 232). Es la experiencia de contar y colaborar con los otros para superar las dificultades del camino, la precariedad de recursos, de reconocer que formamos una familia, que debemos vivir en comunidad, como familia. No dejemos que las bebidas, la música, el consumismo, el orgullo y las redes sociales desvirtúen este encuentro. Al contrario seamos: ¡Testigos de la Buena Nueva durante la peregrinación, y más aún después!

Por esta razón, peregrinamos a Esquipulas para marchar hacia el encuentro con Dios, como comunidad como Iglesia para responder genuinamente a la conversión, a la comunión, y ser así testigos de Cristo.


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