Evangelio Dominical

Publicado el 12 agosto 2018 | por Monseñor Víctor Hugo Palma Paúl

¡Recibamos a Cristo en la Santísima Eucaristía!

Queridos Hermanos:

En continuación con el domingo pasado, el Divino Maestro revela en su enseñanza el maravilloso misterio del “pan que da la Vida”, su mismo Cuerpo y Sangre, presentes en el Sacramento de la Santísima Eucaristía.

En realidad, aún cuando nos parezca “aceptar sin problemas o dudas” este maravilloso don de Dios, es importantísimo recordar sus “efectos maravillosos” en la existencia del creyente:

  1. Es un alimento que puede cambiar “nuestros planes de muerte” en planes de vida; transformar nuestra suprema debilidad en gran fortaleza para “seguir el camino de la Fe” hasta el encuentro con el mismo Señor.

Tal es el mensaje de la tremenda escena de la primera lectura del Primer Libro de los Reyes que narra la tremenda desilusión, cansancio y determinación del profeta Elías: aquel hombre sentía el peso de su ministerio, de su misión que le atraía enemigos poderosos como el rey Ajab y la reina Jezabel.

Elías huye pero se cansa de escapar y “entra en el desierto una jornada de camino sin llevar agua”, es decir, “tenía el plan de acabar con su vida”; ¡cuántas veces quizás sin ese extremo “plan de muerte” también nosotros “nos damos por vencidos, por demasiado agobiados por las cosas de todos los días y quisiéramos que todo acabara!.

En Elías vemos el reflejo de un hombre bueno pero débil, pues también a los santos y santas servidores de Dios les ataca el desánimo: “Tres veces he pedido al Señor que me libre del aguijón y tres veces me ha respondido, Te basta mi gracia” dice el mismo San Pablo en 2 Co 12, 8.

Pero he aquí que Elías es fortalecido por un alimento “pequeño, pobre, gratuito pero poderoso”; al comerlo pudo “caminar cuarenta días hasta el Horeb, el monte del Señor”, ¡busquemos fortalecernos de la Santísima Eucaristía para seguir adelante y por encima de las dificultades de salud, de familia, de trabajo, de todo tipo, en ese alimento “pequeño pero fuerte” está nuestra salvación!;

  1. Es un alimento que no es “algo sino alguien” el mismo Señor Jesús que hoy revela claramente lo que lamentablemente el error del Protestantismo niega y se pierde; “Y el pan que les daré es mi carne para la vida del mundo” dice el Señor a sus sorprendidos escuchas y como veremos en domingo siguiente, ello “les causará escándalo” y abandonarán más a Jesús”.

En efecto, la sencillez, la pequeñez y a veces el descuido con que comulgamos nos hace “ser superficiales” ante al Santísima Eucaristía: ¡recibamos con la debida preparación, con toda la devoción y la fe puesta en Él, al Señor que da real y verdaderamente el Pan de Vida!;

  1. De la Eucaristía emana una vida nueva: “Destierren de ustedes la aspereza, la ira, la indignación… sean buenos y comprensivos” dice el Apóstol Pablo en la Carta a los Efesios (segunda lectura de hoy). No dudemos, hermanos, “Hagamos la prueba y gustemos qué bueno es el Señor”, es decir, apreciemos este don maravilloso que muchos otros se pierden o por ignorancia o error religioso.

Oremos en este mes de recuerdo del Santo Cura de Ars que “celebraba la santa Misa con tanta devoción” orando por nuestros sacerdotes y su santificación.

Y muy prontos a celebrar la Asunción de María al cielo, recordemos que ella llevó esta carne de Cristo en su seno virginal, que ella nos ayuda “sentir ya en la tierra” la vida del cielo a la que también nosotros caminamos cada día, sin desfallecer y alimentados del “misterioso pan” que hizo seguir su ruta a Elías; ¡también nosotros somos caminantes hacia la casa del Padre, alimentémonos de su Hijo presente en la Santa Comunión! Amén.

Firma Monseñor Víctor Hugo Palma




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