Eucaristía

Published on 7 julio 2015 | by Pepe Barrascout

Después de comulgar, ¿qué es lo mas aconsejable hacer?

(Re)descubre uno de los momentos mas especiales de la Santa Misa.

La Iglesia nos enseña que después de recibir la Sagrada Hostia, presencia real de Jesús (cuerpo, sangre, alma y divinidad), Él está substancialmente presente en nosotros hasta que nuestro organismo consuma las especies del trigo; esto puede llevar cerca de quince minutos. Después de eso, Jesús pasa a estar en nuestra alma por la acción del Espíritu Santo y de su gracia.

San Pedro Julián Eymard, en su libro “Flores de Eucaristía), nos enseña la importancia de la Acción de Gracias. Transcribo aquí, algunas de sus enseñanzas para su meditación y reflexión:

“El momento mas solemne de tu vida es el de la Acción de Gracias, en el que el Rey de la Tierra y del Cielo, nuestro Salvador es Juez, dispuesto a conceder lo que le pidamos”.

“La Acción de Gracias es de imprescindible necesidad, a fin de evitar que la Santa Comunión degenere en un simple hábito piadoso”.

“Nuestro Señor permanece poco tiempo en nuestros corazones, después de la Santa Comunión, sin embargo los efectos de su presencia se prolongan. Las santas especies son como una cubierta, la cual se rompe e desaparece para que el remedio produzca sus saludables efectos en el organismo. el alma se torna entonces como un vaso que recibió un perfume precioso”.

“Consagrar la Acción de Gracias media hora de ser posible, o por lo menos, un riguroso cuarto de hora. Darás prueba de no tener corazón y de no saber apreciar debidamente lo que es la Comunión, se después de haber recibido a Nuestro Señor, nada sintieras y no le supieses agradecer”.

“Deja, si se quiere, que la Sagrada Hostia permanezca un momento en la lengua para que Jesús, verdad y santidad, purifique y santifique. Para luego entrar en nuestro pecho, en el trono de tu corazón, y adorado en silencio, comenzar la Acción de Gracias”.

“Adora a Jesús sobre el trono de tu corazón”, apoyándote sobre Él y su ardiente amor. Exaltale el poder, proclámalo Señor nuestro, confiésale ser feliz siervo, dispuesto a todo para adorarlo”.

Agradécele el honor que ha hecho, el amor del que eres testigo, y lo mucho que nos ha dado esta Comunión. Alaba su bondad y su amor por ti, que eres tan pobre, tan imperfecto, tan infiel. Invita a los ángeles, a los santos, la Inmaculada Madre de Dios para alabarle y darle gracias por ti. Únete a las Acciones de Gracias amorosas y perfectas de la Santísima Virgen.”.

“Agradezcamos por medio de María, pues cuando un hijo pequeño recibe alguna cosa, es siempre la madre quien agradece por él. La Acción de Gracias identificada como la de María Santísima será perfecta y bien recibida por el Corazón de Jesús”.

“En la Acción de Gracias de la Comunión, llora tus pecados a los pies de Jesús como Magdalena (Juan 12, 3), promete fidelidad y amor, haz el sacrificio de tus acciones rebeldes, de tu tibieza, de tu indolencia por llevar a cabo aquello que te cuesta. Pídele la gracia de no mas ofenderle, profesarle que prefieres la muerte al pecado”.

“Pide todo lo quieras; es un momento de gracia y Jesús está dispuesto a bendecirte”.

“Pide el reino de la santidad en ti, en tus hermanos y que su caridad abrace a todos los corazones”.

En la Acción de Gracias podemos y debemos rezar por la Iglesia, por las necesidades, intenciones y salud del Papa, de nuestros Obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, coordinadores de comunidades, misioneros, catequistas, vocaciones sacerdotales, religiosas, etc.

Es el momento privilegiado para pedir a Jesús, por su sacrificio, el sufragio de las almas del purgatorio, de pedir por cada persona de nuestra familia y de todos los que se encomendaran a nuestras oraciones. y por todos aquellos por quienes estamos mas obligados a rezar. Y supliquemos a Jesús todas las gracias necesarias para poder cumplir bien la misión que Él nos ha dado en el mundo, sea familiar, profesional o apostólica. También es el momento de nuestra cura interior, por la Sangre de Jesús.

No nos olvidemos nunca de que Él dijo: “Permanezcan en mi y Yo permaneceré en ustedes. El ramo no puede dar fruto por si mismo si no permanece en la vid” (Juan 15, 1-6).

Finalmente, es mejor no comulgar, que comulgar mal.

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Basado en el texto publicado en Aleteia.


| 7 julio 2015 | Eucaristía



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